jueves, 20 de septiembre de 2012

El aumento de los parásitos alimentarios


Los malos hábitos de higiene y alimentación son el principal factor del incremento de infecciones provocadas por parásitos



 Los parásitos son microorganismos presentes en los alimentos y en el agua de consumo, con capacidad para provocar enfermedades en los humanos. Su tamaño es variable, desde organismos no visibles para el ojo humano hasta gusanos visibles a simple vista. Los parásitos se alimentan de los nutrientes presentes en los alimentos y en el agua y la mayoría proceden de las heces de los animales que, a través de las manos, utensilios, insectos y agua contaminada, llegan a los alimentos. La clave para evitarlos es, por tanto, una buena prevención con una correcta higiene. Sin embargo, los especialistas del Instituto Nacional de Salud (INS) advierten de que las enfermedades parasitarias transmitidas por alimentos podrían incrementarse debido a una falta de medidas preventivas.

Los principales motivos de la transmisión de parásitos son la falta de higiene, el consumo de frutas y verduras lavadas de forma inadecuada, una escasa cocción de la carne o el pescado y el consumo de agua contaminada. Aunque parece una infección poco frecuente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que las patologías parasitarias afectan a las de un 10% de la población mundial. Las más comunes son las infecciones por Giardia duodenalis, Cryptosporidium parvum, Cyclospora cayetanensis, Toxoplasma gondii,  Trichinella spiralis, Taenia saginata (gusano de la carne de res) y Taenia solium(gusano de la carne de cerdo).
Los malos hábitos de higiene y alimentación son el principal factor del incremento de este tipo de infecciones, según María Beltrán, coordinadora del Laboratorio de Enteroparásitos del INS. Una parasitosis comporta pérdida de nutrientes de gran importancia, como el hierro, ya que el parásito se alimenta de la sangre y se queda con los principales nutrientes del organismo. Los síntomas de una infección parasitaria suelen ser: diarreas, cansancio, anemia, pérdida de peso y malestar general.

Parásitos más comunes

Los parásitos emergentes son cada vez más frecuentes, tanto en países en desarrollo como desarrollados
Según los expertos, cada vez son más frecuentes los parásitos emergentes, es decir, nuevas enfermedades causadas por parásitos que no se localizan solo en países en desarrollo, sino también en países desarrollados, debido a la migración de personas, alimentos y animales. El riesgo de contaminación parasitaria es, por lo tanto, frecuente. Además, según los últimos informes científicos, las parasitosis más habituales se vuelven más frecuentes. Destacan:
·         Giarda duodenalis, causante de giardiasis, es un organismo unicelular que vive en los intestinos de las personas y los animales. Está omnipresente en todo el mundo y es uno de los principales causantes de infección parasitaria. Está asociado al consumo de agua contaminada y al de carne cruda infectada con el parásito, así como al contacto de superficies contaminadas con heces de animales o personas y que, a través de las manos, llegan a la boca. Diarrea, calambres abdominales, gases y náuseas son los síntomas habituales. Estos se desarrollan a partir de la semana siguiente a la ingestión del parásito. Las infecciones crónicas pueden causar deshidratación y una pérdida grave de peso corporal.
·         Cryptosporidium parvum, causante de cryptoporidiosis, es un parásito unicelular y una de las mayores causas de enfermedades transmitidas por agua en todo el mundo. Se halla en los intestinos de una gran variedad de animales, como vacas, ovejas o cabras. Esta infección puede ser intestinal, pero también puede afectar a la traquea y al pulmón. Este parásito se encuentra en los suelos, en alimentos, en el agua y en superficies contaminadas con heces infectadas. El proceso de infección es el mismo que el anterior, por consumir alimentos poco cocinados e infectados previamente y con el contacto con heces infectadas que después llegan a la boca del ser humano. Los síntomas se desarrollan de 3 a 10 días después de la ingestión, en forma de diarrea, calambres estomacales, dolor de estómago y fiebre. Sin embargo, algunos casos pueden ser asintomáticos.
·         Toxoplasma gondii, causante de toxoplasmosis, es un parásito unicelular presente también en cualquier rincón del mundo y que supone la tercera causa de muerte por parasitosis a través de alimentos. Su contaminación se debe, sobre todo, al consumo de carne de res, cerdo, ternera o cordero poco cocinada. También está presente en las aves, con lo que es imprescindible su correcta cocción, y los gatos pueden ser también portadores frecuentes, de manera que se ha de extremar la higiene después de manipularlos. Este parásito añade un riesgo: la transmisión de madre a feto, lo que podría complicar el embarazo. Los síntomas no son graves, pero se padecen dolores musculares o hinchazón de las glándulas linfáticas. En personas con un sistema inmune débil, puede causar problemas más serios y desarrollar una toxoplasmosis severa que puede dañar el cerebro. Los síntomas son patentes entre una semana y un mes después de consumir el parásito.
·         Trichinella spiralis, causante de triquinosis, es un gusano intestinal de forma redonda. El principal causante es el consumo de carne cruda de cerdo, jabalí salvaje, osos, pumas, lobos, caballos o zorros. Estos parásitos no se transmiten de persona a persona. Los principales síntomas son náuseas, diarreas, vómitos, fiebre y dolor abdominal, cefaleas, dolor muscular y escozor cutáneo. Los síntomas son frecuentes dos días después de consumir la carne contaminada.
·         Taenia saginata y Taenia solium: la primera es la conocida como gusano plano de la carne de res y la segunda, como gusano plano de la carne de cerdo. Esta infección es más habitual en países subdesarrollados, donde las prácticas higiénicas son escasas. Sin embargo, es posible en cualquier parte del mundo, debido al consumo de carne contaminada cruda o poco cocinada. Son poco habituales los síntomas de infección, aunque en ocasiones puede haber dolor abdominal, pérdida de peso, problemas digestivos y hasta una obstrucción intestinal. Estos se diagnostican de 10 a 14 semanas después del consumo, en el caso de T. saginata, y de 8 a 12 semanas, en el caso de T. solium.

PREVENIR PARASITOSIS


La prevención de las parasitosis pasa por:
·         Lavado de manos adecuado, con agua caliente y jabón. Siempre antes y después de manipular alimentos, ir al baño, cambiar pañales o tocar mascotas.
·         Consumir aguas tratadas.
·         Evitar tragar agua si se nada en ríos o pantanos.
·         Cocinar los alimentos hasta alcanzar una temperatura interna en el centro de la pieza de unos 70ºC.
·         Lavar las frutas y hortalizas antes de su consumo.
·         Mantener limpias las superficies de manipulación de alimentos.

                  NATÀLIA GIMFERRER MORATÓ


miércoles, 5 de septiembre de 2012

Diabetes y salud mental en niños y adolescentes



Asumir una enfermedad crónica como la diabetes supone un fuerte impacto psicológico tanto para el niño o adolescente afectado como para su entorno familiar

 Diversos estudios revelan una asociación directa entre problemas de salud mental, como la depresión, y la diabetes. Un trabajo reciente cifra en un 20% la tasa de personas con diabetes que además sufren depresión. Y desde la Fundación para la Diabetes afirman que también los niños a quienes se les diagnostica este trastorno metabólico tienen que pasar por una adaptación por lo poco complicada para muchos de ellos. Controlar sus niveles de glucosa, aprender a pincharse insulina y modificar sus hábitos alimenticios son algunos de los cambios obligados en la vida cotidiana de los pequeños con diabetes. En este artículo se explica cuáles son las consecuencias de asumir esta enfermedad crónica para muchos de los niños y adolescentes afectados y qué señales pueden poner en alerta a los progenitores para acudir a un psicólogo.

En España, se calcula que hay cerca de 29.000 menores de 15 años con diabetes mellitus, una enfermedad que puede ocasionar diferentes complicaciones a largo plazo, como problemas cardiovasculares, pérdida de visión o afección renal, entre otros. Por eso es tan importante detectarla cuanto antes y controlarla de forma correcta. El hecho de que sea una enfermedad crónica supone un fuerte impacto psicológico tanto para el niño como para su entorno familiar.
Fatiga, irritabilidad, visión borrosa, pérdida de peso, necesidad de orinar muchas veces, sensación frecuente de hambre... son los síntomas de la diabetes que restan calidad de vida al niño. Además, cuando se diagnostica, es habitual que el pequeño tenga que ser hospitalizado, lo que puede causarle ansiedad por verse fuera de casa y separado de los padres. Los niños de 6 o 7 años pueden creer que una vez que salgan del hospital estarán curados o que están en el hospital porque se han portado mal. Es importante decirles la verdad sobre su dolencia pero adecuando la información a su capacidad de comprensión.
Los problemas psicológicos más frecuentes en los niños diabéticos son la depresión, la ansiedad y la baja autoestima
Los preadolescentes comprenden muy bien lo que supone la diabetes. Por ello, los expertos aconsejan que el entorno familiar la asuma con serenidad, para que el afectado no sienta que vive una tragedia. Como recomiendan desde la Fundación para la Diabetes: "la actitud de los padres frente a la enfermedad influye de forma directa en el niño. Una actitud de angustia originará un comportamiento de sobreprotección que, generalmente, acarrea rechazo y rebeldía por parte del menor".

Diabetes: mayor riesgo de depresión y ansiedad

Asumir que se padece una enfermedad crónica no es sencillo. Según algunos estudios, los niños se adaptan peor que las niñas, y los más pequeños son los que, en general, se adaptan peor. Sin embargo, los niños mayores y los adolescentes son los que acostumbran a tener más dificultades en su vida social. Todo ello afecta al rendimiento escolar.
Un niño diabético deberá realizar importantes variaciones en su vida cotidiana, lo que puede ser traumático. Tendrá que cambiar y vigilar su alimentación, controlar sus niveles de glucosa, pincharse insulina, aprender cómo y cuándo hacer ejercicio, etc. Múltiples cambios que pueden ocasionar problemas psicológicos.
Según un estudio de la psiquiatra María Kovacs, del Pittsburg Mind-Body Center (EE.UU.), la mayoría de los pequeños se adaptan bien a la enfermedad aunque durante el primer año tras el diagnóstico, el 36% manifiestan problemas psicológicos, sobre todo, depresión. Pasado este tiempo, la incidencia de la depresión y la ansiedad sigue siendo mayor en los niños diabéticos que en los pequeños sin una enfermedad crónica. Además, pueden surgir trastornos de la conducta alimentaria. También son frecuentes los problemas de autoestima y la tendencia al aislamiento, ya que sienten que no pueden llevar la misma vida que sus amigos.

Diabetes y síntomas psicopatológicos: cuándo acudir al psicólogo

Desde la Fundación para la Diabetes, se recomienda acudir al psicólogo cuando el niño diabético manifieste ansiedad, tristeza, síntomas psicosomáticos (dolor de cabeza o dolor de estómago), dificultades en el rendimiento escolar con falta de atención y pobre concentración, irritabilidad, aislamiento social, intolerancia a la frustración, sentimientos de baja autoestima, ideas de muerte y quejas continuas de aburrimiento y de pérdida de interés.

¿Qué es la diabetes mellitus?


Al comer, los alimentos se convierten en glucosa, el combustible necesario para que las células del organismo funcionen y sobrevivan. Pero para que las células aprovechen la glucosa del torrente sanguíneo, necesitan la ayuda de la insulina que se produce en el páncreas. En los afectados, las células no reciben la glucosa necesaria. Por tanto, se produce hiperglucemia (aumento del azúcar en la sangre), que con el tiempo daña órganos y sistemas, sobre todo, nervios y vasos sanguíneos. Según la American Diabetes Association, hay cuatro tipos de diabetes, entre las que se distinguen la diabetes mellitus tipo 1, la tipo 2 y la gestacional.
La diabetes tipo 1, que se da cuando las células del páncreas encargadas de fabricar insulina se destruyen y no producen insulina o lo hacen en muy poca cantidad. En la diabetes tipo 2 es distinto: aunque el páncreas genera insulina, la grasa, el hígado y las células musculares no responden a ella. Por tanto, no pueden asimilar de manera correcta la glucosa que necesitan. Como indican desde la Fundación para la Diabetes, "el 95% de los niños y adolescentes de los afectados en España tienen diabetes tipo 1".
Además, es una de las enfermedades crónicas infantiles más frecuentes. En nuestro país, se calcula que hay 29.000 menores de 15 años con este trastorno metabólico y cada año surgen 1.100 casos nuevos. Asimismo, los expertos avisan del aumento alarmante diabetes tipo 2 en estas edades, relacionada con hábitos de vida, como la mala alimentación o el sedentarismo.

JOSÉ A. RODRÍGUEZ

jueves, 30 de agosto de 2012

Actuar frente a riesgos alimentarios



Un nuevo informe avala que los controles que se aplican en la UE garantizan la seguridad de los alimentos

La Unión Europea cuenta con distintas herramientas para garantizar que los alimentos que circulan por sus mercados son seguros. Una de ellas es el Sistema de Alerta Rápida para Alimentos y Piensos (RASFF), que consiste en garantizar la inocuidad de los alimentos "de la granja a la mesa". A través de medidas como esta, es posible actuar cuando se detecta un riesgo alimentario. El último informe de la Comisión Europea revela que la puesta en práctica del RASFF ha permitido "evitar o reducir muchos riesgos alimentarios". Pero, ¿cómo se aplican este tipo de medidas? En este artículo se explica el funcionamiento de un sistema eficaz de normas de seguridad alimentaria, las actuaciones del RASFF en 2011 y cómo se actuó en la crisis de Fukushima.

En el año 2011, según el informe que acaba de presentar la Comisión Europea en función de los resultados del RASFF, se "transmitieron 9.157 notificaciones relacionadas con incumplimientos de la legislación alimentaria, de las cuales 617 eran riesgos graves". La mayoría de incidentes detectados hacen referencia a alimentos, mientras que un grupo más reducido se refiere a piensos y a materiales en contacto con alimentos. Las alertas más comunes son la presencia de aflatoxinas en piensos y frutos de cáscara y la presencia y migración de sustancias químicas de utensilios de cocina procedentes de China.

Sistema eficaz de normas de seguridad alimentaria

Identificar y eliminar los riesgos son los objetivos del Sistema de Alerta Rápida para Alimentos y Piensos de la UE. Con herramientas de este tipo se ha podido hacer frente a crisis alimentarias, como la registrada a consecuencia del accidente nuclear de Fukushima y el brote de escherichia coli en pepinos alemanes, según afirma John Dalli, comisario de Salud y Política de Consumidores. En la mayoría de los casos, cuando se detecta un problema en las fronteras europeas, se informa al país exportador de la incidencia para que aplique medidas de corrección. Si el problema persiste, las medidas son más severas, como el bloqueo de las exportaciones o mayores controles.

En función de la gravedad del riesgo, las notificaciones se clasifican en alerta, información o rechazo.
·         Notificación de alerta. Se envía cuando un alimento, pienso o material en contacto con alimentos presenta un riesgo grave y precisa una acción rápida. A menudo, se toma como medida la retirada del producto. La notificación tiene como objetivo informar a los países para que verifiquen si el producto en cuestión está en su mercado y puedan así tomar las medidas necesarias.
·         Notificación informativa. Se refiere a un riesgo que no requiere una acción inmediata, bien porque el riesgo no se considera grave o porque el producto en cuestión no está en el mercado en el momento de la notificación.
·         Notificación de rechazo. Esta se debe a la negativa del ingreso en la UE de un alimento, piensos o material en contacto con alimentos por razones de seguridad humana, animal y para el medio ambiente.
Las autoridades sanitarias de cada país pueden tomar las medidas adecuadas para informar a los consumidores de la naturaleza del riesgo, del tipo de alimento implicado y de las medidas que adopten para prevenir, reducir o eliminar ese riesgo.

El RASFF en 2011

En 2011, y por segundo año consecutivo, ha habido un fuerte aumento de las notificaciones sobre residuos de plaguicidas en frutas y verduras. En la mayoría de estos casos, los productos se detienen en la frontera en espera de análisis que corroboren que son seguros. Si no cumplen con la legislación comunitaria, no entran en el mercado. También se han emitido notificaciones sobre metales pesados en alimentos, arsénico o cadmio. En este último caso, se encontró en sardinas procedentes de Marruecos y anchoas de Tailandia.
Según el informe, las notificaciones por la presencia de microorganismos patógenos continúan con la tendencia en aumento de los últimos años, sobre todo de Salmonella en productos de origen animal, como pescado, carne y leche, pero también en fruta y vegetales y, en menor grado, hierbas y especias. También se han emitido alertas por la presencia de Listeria monocytogenes, Escherichia coli, Bacillus cereus,Clostridium botulinum, Campylobacter y norovirus.
Las micotoxinas también han sido un tema de notificación recurrente en 2011. A partir de estas y otras alertas, los expertos trabajan para mejorar el sistema de comunicación y de control, como poner en marcha el iRASFF, "una plataforma de notificación en línea que permita al RASFF actuar con más rapidez y eficacia". También se pretende dar formación específica sobre la investigación de contaminaciones alimentarias y cómo gestionar los brotes.

LA CRISIS DE FUKUSHIMA


En marzo de 2011, un terremoto y un tsunami golpearon la costa este de Japón y ocasionaron graves daños en la planta nuclear de Daijchi, en Fukushima. Como consecuencia, se liberó radiactividad al medio ambiente. Entonces, la Comisión Europea pidió a los Estados miembros, a través del RASFF, que analizaran los niveles de radiactividad en los piensos y alimentos procedentes de Japón. A la vez, solicitó a las autoridades japonesas la aplicación de controles de los alimentos exportados. Estas medidas aún están vigentes y se revisan con regularidad.

MARTA CHAVARRÍAS


viernes, 10 de agosto de 2012

Vegetales, destruir patógenos sin eliminar nutrientes



Los vegetales, si se dejan en remojo demasiado tiempo, pueden perder nutrientes, sobre todo las vitaminas solubles en agua

 Lavar las frutas y las verduras antes de consumirlas es imprescindible para ingerirlas con seguridad. Estos alimentos se consumen crudos, un factor de riesgo añadido, ya que no se someten a ningún tratamiento que elimine una posible contaminación. Con el lavado se pierden restos de elementos físicos como arena u hojas, químicos como posibles restos
de pesticidas y biológicos como patógenos. Sin embargo, el lavado puede suponer la pérdida de las propiedades nutricionales de los vegetales y, por tanto, es preciso saber cómo hacerlo de manera adecuada. No es el caso de los vegetales envasados, ya lavados y cortados, y listos para consumir. En este artículo se explica cómo lavar vegetales sin eliminar propiedades, las particularidades de los vegetales envasados y el modo en que se deben congelar.

No es conveniente comprar los vegetales si no se consumirán en un plazo de tres o cuatro días, ya que son alimentos muy perecederos. Además, con el buen tiempo, se acelera el proceso de degradación. Una vez adquiridos, se deben mantener en el frigorífico hasta su consumo. Se deben escoger los vegetales en el supermercado o en los distintos comercios y adquirir los situados bajo una luz fluorescente, de acuerdo con un estudio del Servicio de Investigación del Departamento de Agricultura de EE.UU. Estas piezas mantienen mejor sus nutrientes y se conservan más frescas que las almacenadas sin luz o con una iluminación excesiva. Esta luz evita la fotosíntesis y preserva casi íntegras sus vitaminas. Por el contrario, los vegetales que están en bandejas y envueltos con papel transparente sudan más y se estropean antes.

Lavar vegetales sin eliminar propiedades

Saber cómo y cuándo lavar los vegetales es uno de los pasos más importantes antes de consumirlos. Conviene saber que solo se deben lavar antes de almacenar en el frigorífico las piezas con mucha suciedad. En su caso, la piel ha de limpiarse aunque no se consuman en ese momento y siempre antes de cortar el alimento y después. Si no se hace así, las bacterias podrían pasar de la piel al interior en el momento de pelarlos. Para evitar cualquier contaminación, es necesario lavar también los utensilios y la superficie de trabajo.

Los vegetales con mucha suciedad se deben lavar antes de almacenarlos en el frigorífico

Es recomendable frotar las verduras con un cepillo, sobre todo los vegetales de piel gruesa y rugosa. Esta medida es aconsejable en todos los vegetales, aunque sean de piel fina y, sobre todo, si se consumen con piel. Hay cepillos específicos y destinados a esta labor, aunque puede realizarse con cualquier otro tipo de cepillo. El primer lavado se deberá hacer a conciencia, las piezas enteras se colocarán debajo del chorro de agua y se frotarán con un poco de presión. Las piezas con hojas o capas superficiales se lavarán una por una debajo del chorro de agua. Pueden dejarse en remojo desinfectante durante un máximo de diez minutos.
Si se dejan en remojo demasiado tiempo, los vegetales pueden perder nutrientes, sobre todo las vitaminas solubles en agua, con lo que bastan unos pocos minutos para eliminar restos indeseables y mantener todas sus propiedades. Los tomates se estropean si se sumergen en agua más de cinco minutos y las cebollas pueden comenzar a reblandecerse demasiado y a estropearse pasados dos minutos. El caso excepcional son las setas. No es aconsejable pasarlas por agua, sino que es necesario eliminar restos con un paño o un papel impregnado con vinagre. Se puede utilizar desinfectante apto para alimentos o, en su defecto, un poco de vinagre en el agua. Una vez que se retiren, deben enjuagarse para eliminar cualquier resto de desinfectante. Para secarlas, se empleará un trapo límpio o un papel de cocina.

Vegetales envasados


Los vegetales que se adquieren envasados y listos para consumir, así como congelados, mantienen todas sus propiedades, excepto si se almacenan demasiado tiempo en el frigorífico. En este caso, basta con abrir y consumir, ya que se han lavado y cortado antes. Cuando se adquieren este tipo de vegetales, como pepinos, calabacines o pimientos, debe prestarse especial atención a su estado. En las etiquetas debe figurar la fecha de envase y es aconsejable comprar los envasados el mismo día. En el caso de los vegetales ya listos para consumir, no es necesario aplicar medidas de lavado tan estrictas como las mencionadas.

CONGELAR VEGETALES


Los vegetales pueden congelarse, aunque necesitan una preparación previa. Es preferible escaldar los alimentos para evitar su oxidación y que pierdan color o sabor. Basta con dos minutos para inactivar las enzimas responsables de estas degradaciones. Se escurrirán bien y podrán congelarse sin ningún problema. Tanto en el caso de frutas como verduras se recomienda cortarlas antes de congelarlas y lavarlas para asegurar la eliminación de patógenos, ya que con la congelación no desaparecerían, solo dejarían de reproducirse y el alimento se podría contaminar en su descongelación.
Los vegetales se pueden mantener congelados de tres a seis meses y, en algunos casos, como las fresas, cerezas o melocotones, se conservan hasta 12 meses en el congelador. Es importante también proteger los alimentos que se congelan: deben envolverse o colocar en envases de manera que no pierdan humedad y conserven todo su sabor, su color y su textura. Es preferible colocarlos en recipientes herméticos. Es posible adquirir bolsas destinadas a la congelación, envases de cartón o recipientes de plástico ya preparados para mantener la calidad de los alimentos que contienen.

NATÀLIA GIMFERRER MORATÓ

lunes, 6 de agosto de 2012

Hormonas y pollo



Las hormonas no son efectivas para el crecimiento de las aves, pues no está demostrada una relación directa entre administrar estas sustancias y el engorde del pollo
El uso de hormonas en aves es ilegal y, para asegurar que no haya ningún resto de estas sustancias, existen distintos controles muy estrictos, tanto para evitar su presencia como de otros compuestos similares. Las hormonas, sustancias secretadas por las glándulas endocrinas, ejercen un efecto fisiológico en el organismo. Existe una gran diversidad, pero en el caso de las aves, la sospecha recae en la llamada somatotrofina, conocida como hormona del crecimiento. Su función es aumentar el desarrollo de los tejidos del organismo, del volumen de las células y de favorecer su reproducción. Pero está demostrado que las hormonas no son efectivas para el engorde de las aves, sino que actúan otros factores como la genética, la alimentación, la sanidad y el manejo de animales, como se explica en este artículo.

La actual demanda de carne de pollo precisa una cría de aves rápida y eficaz y un engorde de los animales en poco tiempo para poder comercializar su carne de manera dinámica. Sin embargo, el veloz desarrollo de los pollos no responde a la inyección de hormonas de crecimiento, sino a unas mejoras genéticas, nutricionales y de control de enfermedades llevadas a cabo a lo largo de las últimas décadas.
Los expertos afirman que las hormonas no son efectivas en cuanto al crecimiento de las aves, no hay una relación directa entre administrar estas sustancias y el engorde del pollo, sino que influyen otros muchos factores. Además, la aplicación de hormonas en el pollo es muy dificultosa, ya que tienen que introducirse por vía intravenosa y de manera muy frecuente, con lo que resulta imposible llevarlo a cabo en un criadero de aves.

Cuatro pilares del engorde animal

La explicación a todo esto recae en las mejoras llevadas a cabo en cuanto a alimentación de los animales, a su trato y manejo y, en gran medida, a los avances genéticos de los últimos años. Si bien antes había hembras destinadas para la puesta de huevos y machos para la elaboración de carne, las cosas han cambiado.
Hoy en día existen animales híbridos, nuevas razas fruto del cruce de los dos primeros ejemplares. La finalidad es cruzar las dos razas puras con el fin de obtener una mejor; un juego genético del que se pueden obtener animales con un desarrollo ligero de su tejido y de su carne. Aquí nace el actual pollo de engorde, con capacidad de crecimiento rápido, ya sea macho o hembra.

Genética, alimentación, sanidad y manejo de animales son los cuatro pilares de la producción animal

La producción animal actual se basa en cuatro pilares fundamentales: la genética, la alimentación, la sanidad y el manejo de los ejemplares. Se han dejado atrás unos sistemas de explotación intensivos o semiintensivos, en los que los animales sufrían y, por tanto, se veía afectado su rendimiento productivo. Este hecho obligó a la búsqueda de medidas y a la mejora de las técnicas de cría y engorde y, por eso, ahora los animales gozan de un confort y unas condiciones ambientales adecuadas.
Este progreso lleva implícito mejoras sanitarias y medidas de bioseguridad y profilaxis que, al lado de las condiciones del hábitat de los ejemplares, han permitido una prevención exitosa de un gran número de enfermedades.
Se añade también la nutrición de los animales, se inician las dietas balanceadas, con previo estudio de los requerimientos de cada especie, se elaboran piensos con la energía, las proteínas, las vitaminas y los minerales necesarios para su correcto crecimiento durante cada etapa de la vida del animal, de acuerdo con cada franja de edad.
Todo ello ha ayudado a lograr todo el potencial genético de los ejemplares con lo que, de manera natural y según los expertos, se puede trabajar con los genes de los animales y cruzar ejemplares para mejorar la especie.

Inyección de hormonas poco viable

En este escenario, el uso de hormonas representa una inversión económica alta, ya que adquirir estas sustancias y administrarlas supone un importe mayor que el coste mismo del animal. Con solo un miligramo de hormonas por cada pollo, el gasto superaría lo que vale el pollo entero.
Por otra parte, las aves actuales han sido seleccionadas genéticamente para que su crecimiento sea más veloz de lo que era; es decir, crecen de manera rápida ya por naturaleza. Con esto también se han mejorado las características fisiológicas de los animales y rara vez aparecen limitaciones.
Aun así, es recomendable controlar muy de cerca la alimentación de las aves, ya que su metabolismo funciona al máximo de manera natural y, en ocasiones, puede llevar problemas en las articulaciones, dificultades cardíacas o ascitis. Con el fin de reducir la tasa de crecimiento, es aconsejable, en ocasiones, restringir la alimentación.

La calidad del pollo


La carne de pollo goza de distintos tipos de calidad que se catalogan con letras. Se estima que el 80% del pollo que se vende se presenta fileteado y eviscerado y de calidad A, B y C.
·         Calidad A. Es la carne de mayor calidad. Sin restos de plumas, la piel es brillante y cubre todo el pollo sin desgarros. El color puede ser desde blanco a amarillo y sin manchas. Las puntas de las alas no deben ser oscuras ni ser pegajosas. Además, no deben presentar hematomas ni tener ningún hueso roto.
·         Calidad B y C. Son aptos para el consumo pero tienen algunas alteraciones. Su valor comercial es menor, pero es apto.

NATÀLIA GIMFERRER MORATÓ

martes, 24 de julio de 2012

Frescos y libres de salmonella pero con defectos de calidad



Analizados huevos convencionales, camperos, omega 3 y de gallinas criadas "en suelo". Los de mayor talla y precio, los XL, fueron los de peor calidad. Defectos de calidad y etiquetado, asignaturas pendientes

Se han analizado 24 estuches de huevos de categoría A correspondientes a cinco marcas de ámbito nacional. Para el estudio de defectos de calidad se estudiaron 60 unidades por cada muestra (un total de 1.440 huevos) y para el análisis microbiológico de detección de salmonella, 12 unidades por muestra, que hacen un total de 288 huevos. Un total de 14 muestras eran convencionales, de ellas cuatro de calibre XL (muy grande), cinco L (grande) y otras cinco M (mediano). Cuatro eran huevos camperos, de calibres L y M; cinco eran enriquecidos en Omega-3 de tallas también L y M; y una era de huevos de gallinas criadas "en suelo". El laboratorio no analizó la composición nutricional de estas muestras porque no hay diferencias en los contenidos de nutrientes (proteínas, hidratos de carbono, grasa, vitaminas y minerales) entre los diferentes tipos de huevos. Sí se ha medido el contenido en ácidos grasos Omega-3 y vitamina E en los huevos que los declaraban. Los huevos que más respetan el bienestar de las ponederas son los camperos.
En los convencionales, el formato de venta más común, que no único, era de una docena mientras que los huevos Omega 3, los camperos y los de gallinas criadas en suelo se vendían todos en envases de media docena. Todas las muestras venían en estuche de cartón o retractilado con base de cartón y con o sin fajín que envuelve el estuche. Se constató que a mayor calibre, mayor precio: los huevos XL cuestan de media 0,22 euros cada uno, los L salen a 0,14 euros y los M a 0,13 euros. Los camperos cuestan 0,23 euros y los omega-3 una media de 0,17 euros. La muestra procedente de gallina criada "en suelo" costaba 0,19 euros cada huevo.

Sin salmonella, pero mal etiquetados y con defectos


Ninguno de los 288 huevos analizados en laboratorio dio positivo en salmonella, por lo que su estado higiénico-sanitario fue satisfactorio.
Se trata de un gran resultado, del que debe felicitarse todo el sector. Pero no todo fue tan positivo: más de la mitad de las muestras (el 54%) incumple la norma de etiquetado, y el problema es compartido por igual en todos los tipos de huevos. Y hubo dos muestras, los huevos de talla L de Coren y los de talla M de Matines, que presentaron una proporción de huevos con marcado ilegible superior al admitido por la norma, que es el 20%. Sólo los de Cantos Blancos lucían etiquetado conforme a norma en todas las muestras. Tampoco puede interpretarse como satisfactorio que el 70% de las muestras presentaran más defectos de calidad de lo admitido. Al menos, muy pocos huevos estaban rotos (la que en mayor cantidad los tenía rotos se quedaba en el 3% de huevos rotos). Los defectos más comunes fueron suciedad, las fisuras en la cáscara y la cámara de aire superior a 6 milímetros (falta de frescura). Los huevos normales con mayor proporción de defectos (50% de las unidades) fueron precisamente los más caros: XL de Matines, que costaban 0,26 euros cada huevo. Estos defectos se dieron casi por igual entre los diversos tipos de huevo: los convencionales presentaron una media de defectuosos del 24%, los camperos del 23% y los Omega 3 se quedaron en un 18%. En todos los tipos de huevo los valores medios fueron superiores al máximo admitido por la norma (14% de unidades con defectos). En resumen, etiquetado y calidad siguen siendo la asignatura pendiente de los huevos en nuestro país.

Bien frescos


Otro dato positivo: las pruebas de frescura de los 24 estuches de huevos depararon resultados satisfactorios. Aunque los hubo con cámara de aire superior a 6 mm (criterio de defecto de frescura), los valores medios de este parámetro y de otros utilizados en la prueba, indican que la frescura de todas las muestras era satisfactoria. Destacaron en frescura tres de Cantos Blancos (convencionales L y M y gallinas criadas "en suelo"), una de Pitas-Pitas (convencionales M) y los camperos de Matines.
El sistema de cría de las gallinas (jaulas, camperos, "suelo") apenas influye en la calidad comercial de los huevos. Pero el tamaño sí, y decisivamente: cuanto mayor es su calibre, menor es la calidad del huevo. En la talla XL presentaron defectos de calidad el 37% de las muestras, en la L el 23% y en la M el 15%. Se debe a que el tamaño del huevo aumenta conforme lo hace la edad de la gallina ponedora y a que cuanto mayor es el huevo, la cáscara es más fina y frágil y menos aislante.
Por marcas, destacaron por su mayor proporción de huevos con defectos de calidad Matines (30%), Pitas-Pitas junto con El Aldeano (25%) y Dagu (23%). Cantos Blancos (12%) sobresale justo por lo contrario. Coren, con un 18%, queda en puesto intermedio pero supera el 14% que dicta la norma como máximo. De las cuatro muestras de Cantos Blancos, dos (M y suelo) cumplían la norma y las otras dos superaban lo admitido pero por poco: 15% de defectos en los L convencionales y 17% en los Omega 3.
De otra parte, la norma admite que hasta un 10% de los huevos de un envase tengan peso inferior al que corresponde a su calibre. Cuatro de las 24 muestras incumplían esta norma, pero las dos que en mayor grado lo hacían (Pitas y Coren) tenían un error de etiquetado: eran camperos talla L y se vendían como convencionales XL.

Omega 3 y vitamina E


El análisis reveló que los huevos enriquecidos en la grasa saludable Omega-3 contienen una cantidad apropiada de esta grasa, que incluso se comprobó superior a la declarada en sus etiquetas. Esa es, por cierto, su única diferencia respecto de los huevos convencionales. La manera más sencilla y económica de incorporar Omega-3 a nuestro organismo es comer pescados azules. Los huevos enriquecidos tienen cinco veces menos Omega-3 que el atún y diez veces menos que el salmón. Y las dos muestras de huevo que declaran vitamina E (ambas eran huevos Omega 3) están enriquecidas en esta vitamina: la contienen en cantidad diez veces mayor que los no enriquecidos.

Mejor relación calidad-precio


La mejor relación calidad-precio son los huevos normales de calibre M de Cantos Blancos: los más baratos, figuran entre los más frescos, son los de menos defectos de calidad y están bien etiquetados, tanto el embalaje como el propio huevo. Entre los camperos, cabe destacar a Matines; y en los omega-3, a Pita-Pitas.

Huevos: fuente inagotable de preguntas

¿Son mejores los huevos grandes?


Al contrario: en general, los huevos, cuanto más grandes, peor calidad tienen. Cuanto mayor es su calibre, menor es la calidad del huevo. En este análisis de CONSUMER EROSKI, los huevos de la talla XL presentaron defectos de calidad en el 37% de las muestras, mientras que en la L lo hicieron el 23% y en la M el 15%. Se debe a que el tamaño del huevo aumenta conforme lo haces la edad de la gallina ponedora y a que cuanto mayor es el huevo la cáscara es más fina y frágil y menos aislante.

¿Son mejores los huevos con yema más rojiza?


El color de la yema, más rojizo o más pálido, nada tiene que ver con la calidad comercial del huevo ni con su sabor; este color es fácilmente manipulable por el productor mediante una suplementación con pigmentos carotenoides que se añaden al pienso de las gallinas ponedoras.

¿El color del huevo tiene algo que ver con su calidad?


El color de la cáscara (blanco o moreno), depende de la raza de la gallina y nada tiene que ver con su calidad ni con el sabor.

¿Realmente son tan nutritivos?


Sí, tienen un gran valor nutritivo que es aún más valioso por su moderado aporte energético, 150 calorías cada cien gramos. Están indicados los huevos incluso en dietas de control de peso. Para un niño o persona de complexión media es saludable un consumo de tres a cuatro huevos a la semana; un individuo corpulento o físicamente muy activo puede consumir hasta seis o siete huevos por semana. El huevo es el alimento con proteínas (13% de su contenido) de mayor valor biológico, más completas aún que la de la carne, porque contiene en proporción óptima los ocho aminoácidos esenciales. Las grasas representan el 10%, y saturada sólo lo es el 32% por lo que su perfi lipídico es saludable. El huevo aporta también diversas vitaminas liposolubles. Su vitamina D es muy valiosa cuando se siguen dietas bajas en grasas. El huevo es interesante también por su contenido en minerales, sobre todo fósforo, sodio, potasio y zinc, además del selenio, buen antioxidante. El huevo aporta asimismo antioxidantes como luteína y zeaxantina, que protegen la parte central de la retina y el cristalino de la acción oxidante de la luz; ambos nutrientes están implicados en la prevención de la degeneración macular senil, causa de pérdida de vista en la tercera edad. El huevo es una fuente valiosa de colina, vinculada al buen funcionamiento del hígado.

¿Tienen mucho colesterol los huevos?


Sí, pero los alimentos con alto contenido de colesterol no influyen tanto como se pensaba en la elevación del colesterol plasmático total. De hecho, en el control de la hipercolesterolemia hay factores más importantes que el colesterol de los alimentos, sobre todo la proporcion entre ácidos grasos saturados y trans (los menos saludables) y los poliinsaturados (saludables). Y este perfil lipídico es saludable en el huevo. Además, también tiene lecitina, que ayuda a mantener en suspensión el colesterol en sangre, impidiendo que se deposite en la pared de las arterias. Por tanto, aunque deben moderar su consumo quienes tienen hipercolesterolemia, no está justificado eliminarlos de la dieta.

Niños con alergia al huevo


El huevo es el alimento más alergénico en niños de 1 a 2 años. A quienes sufren esta alergia no les basta con evitar el consumo del alimento, ya que el huevo y sus componentes son muy utilizados en la elaboración de otros productos, lo que dificulta el seguimiento de una dieta sin huevo. El pronóstico, sin embargo, es bueno: la mayoría de niños afectados acaban tolerando el huevo cuando superan los dos o tres años.

¿Por qué hay huevos omega 3?


Porque ante la mala fama que durante años tuvo el consumo de huevos por su elevado contenido en colesterol, la tecnología alimentaria desarrolló la técnica de modificar el perfil de grasas del huevo aumentando su concentración de ácidos grasos omega 3, reconocidos por su contribución positiva en la salud cardiovascular. Se consigue modificando la composición de los piensos de las gallinas mezclándolos con aceites de pescados, algas o semillas de lino, fuente natural de grasa omega 3.

¿Bienestar de las gallinas?


Una gallina feliz es la que disfruta de libertad para picotear por el suelo, hacer ejercicio, arreglarse las plumas, darse baños de tierra, subir a un palo cuando se siente amenazada y construir un nido en el que depositar sus huevos. Son conductas, todas ellas, negadas a las gallinas criadas en jaulas, las que ponen la inmensa mayoría de los huevos que el mercado ofrece hoy al consumidor; la excepción la representan los huevos camperos. En el sistema de cría en jaulas no acondicionadas (quedará prohibido en 2012), las gallinas disponen de al menos 550 centímetros cuadrados de superficie por ave (menos de lo que ocupa un folio). En las jaulas acondicionadas, la superficie mínima por gallina es parecida, sólo 600 centímetros cuadrados. Las gallinas criadas en suelo están en naves cuya densidad no superará la de nueve gallinas por metro cuadrado, unos 1.100 centímetros cuadrados por gallina, el doble que las criadas en jaulas. Y las camperas, las más afortunadas de todo el sistema productivo, deben tener acceso de forma ininterrumpida y durante todo el día a un espacio al aire libre, si bien los productores pueden restringir este acceso durante un periodo limitado por las mañanas. La densidad máxima de estos espacios al aire será de una gallina por cada 4 metros cuadrados, es decir, les corresponde 67 veces más espacio que a las gallinas criadas en jaulas y 36 veces más que a las ¿criadas en suelo?. Optar por la compra de huevos camperos equivale, por tanto, a favorecer el bienestar de las gallinas ponedoras. Esta elección exige al consumidor un compromiso, medible en esfuerzo económico: los huevos camperos son más caros, aunque quizá no tanto como cabría suponer. Los camperos (siempre son de tallas L o M) cuestan, de media, 0,23 euros cada uno, sólo un céntimo más que los huevos más grandes de cría en jaulas, los XL, y cuatro céntimos más que los de ¿suelo?; eso sí, son mucho más caros que los convencionales L y M, que cuestan 0,14 y 0,13 euros, respectivamente. Ahora bien, la composición nutricional de los huevos camperos es idéntica a la de los convencionales. Su valor añadido no es nutritivo, sino cultural y ecológico: su cría tiene más en cuenta el bienestar de las gallinas.La muda forzada es una práctica prohibida en Europa, (en algunas zonas del mundo, como EEUU, no está prohibida) que se realiza con el fin de alargar el ciclo de puesta de las gallinas de mayor edad para obtener más huevos XL y responder así a las demandas del mercado. Consiste en restringir el pienso, la bebida y la luz a las gallinas ponedoras durante un tiempo determinado, haciendo que muden (cambio de plumas) y pierdan una cuarta parte de su peso normal, lo que altera sus ciclos biológicos y propicia un nuevo ciclo de puesta de huevos; así se consigue alargar la productividad de la gallina y que pongan huevos de mayor tamaño. Durante este período, estas aves sufren un mayor estrés y se muestran más predispuestas a infecciones como la salmonelosis, ya que su sistema inmune se debilita. Al cabo de una semana, se les proporciona el pienso y agua de manera gradual, hasta que empiezan a poner huevos de mayor tamaño del habitual. Esta práctica va en contra del bienestar animal: las gallinas están más débiles y pueden enfermar con mayor facilidad. Los huevos que ponen estas gallinas de muda forzada son, efectivamente más grandes, pero objetivamente su calidad y seguridad es inferior, ya que tienen una cáscara más fina y tienen más probabilidades de contener salmonella. En resumen, si nos importa el bienestar animal, optemos por huevos no muy grandes.

Huevos fritos: ¿engordan mucho?, ¿y son tan poco digestivos

La digestibilidad del huevo depende de la tolerancia individual que ante él presentan las diversas personas y de la forma de cocinado. Cocido es más digestivo que frito, por ejemplo. El huevo frito contiene algo más de grasa que el crudo o cocido, aunque no tanto como se piensa, porque su capacidad para absorber el aceite es limitada e independiente de la cantidad de aceite empleada en la fritura. Se estima que un huevo frito bien escurrido aporta sólo 35 calorías más que si se consume cocido.

¿Crudos alimentan más?


No. Los huevos crudos (desaconsejables porque si tuvieran salmonella -que se inactiva con el calor- podrían causar una toxiinfección alimentaria) no son tan nutritivos como creía. La proteína del huevo precisa la acción del calor para coagular y poder ser digerida y aprovechada por nuestro organismo.