sábado, 3 de marzo de 2012

Bebidas para todos los gustos y necesidades



Algunas bebidas naturales, además del efecto hidratante, consiguen un plus nutricional de una manera apetecible e inmediata.

El café es una de las bebidas más apreciadas. La costumbre de despertarse y tomar un café recién hecho, terminar la comida con un cortado o quedar con los amigos a tomar un café está tan arraigada, que se ve como lo más natural. Sin embargo, hay muchas más bebidas. Algunas de ellas ayudan a tener la mente despejada, el mismo efecto que se persigue al tomar el café, pero carecen del efecto excitante, a veces molesto, que provoca la cafeína. Otras bebidas, además del resultado hidratante, consiguen un plus nutricional de una manera apetecible e inmediata. Cuesta menos beber que comer.
 Entre tanta variedad de bebidas, resulta fácil encontrar la que más se ajuste a las necesidades y preferencias del momento.
Zumos o licuado de frutas. El zumo natural se toma recién hecho, a partir de la mezcla de frutas que más apetece en ese momento. Si se opta por un zumo comercial, conviene asegurarse de que no sea néctar porque contiene azúcares añadidos, una bebida más dulce pero más alejada de lo natural. En la variedad de zumos está el gusto, de ahí que, según la temporada, se anime a probar distintas mezclas: granada y mandarina, sandía o fresas con naranja, manzana y uva.
Refrescos caseros, ricos y naturales. Una botella de gaseosa o de agua con gas sirve de base para elaborar un refresco casero, sin aditivos colorantes, aromatizantes ni saborizantes. A este líquido se añade en la cantidad deseada el zumo de fruta elegido, la mezcla de zumos o la papilla de frutas, que darán consistencia y gusto a la bebida refrescante. El azúcar no tiene cabida en esta receta. Se propone conseguir el sabor dulce con alimentos naturales como la fruta bien madura o al batir un puñado de frutas desecadas con el resto de fruta fresca para aumentar el dulzor del puré.
Si la fruta no está muy madura y sobresale el gusto ácido en la bebida, se puede añadir unas gotitas de estevia, lo justo para ensalzar el dulzor sin desnaturalizar el sabor de la fruta. A las clásicas limonada y naranjada le surgen competidores hidratantes, nutritivos y muy originales, como los refrescos elaborados con cualquier fruta de temporada; fresas, melocotón, melón, sandía, uvas, manzanas, peras, mandarinas o naranjas. Tomar un refresco casero para desayunar a para almorzar puede ser una buena forma matutina de activar los mecanismos depurativos del cuerpo.
Innumerables tipos de té. Al té blanco, verde, rojo y negro, los más conocidos, se suman otros menos comunes pero interesantes por su menor o nulo contenido en teína; el bancha y el kukicha. Todas estas propuestas se plantean como una bebida más o como alternativa al café, en particular los dos últimos, el bancha y el kukicha, que tienen la cualidad de despejar la mente y proporcionar sensación de vitalidad, pero sin la excitación de la teína. La clave para obtener el máximo beneficio de los tés sin perjudicar el sabor ni que sea una bebida demasiado excitante es tenerlos en infusión el tiempo justo. Para el té blanco, un minuto, dos minutos para el verde, tres para el rojo y cuatro minutos, no más, para el negro. Tenerlos durante más tiempo hace que pierdan concentración de teína y se formen los taninos, compuestos responsables en gran medida de su amargor y su retrogusto o sensación de astringencia en la boca.
Bebidas para deportistas. Este tipo de bebidas se desarrollan con el objetivo de suplir los nutrientes que se pierden tras una actividad deportiva intensa y/o duradera. Pero su fácil adquisición, su buen gusto y las potentes estrategias de marketing han conseguido universalizar su consumo. El alto contenido en azúcares de estas bebidas las hace innecesarias para quienes practican una hora de deporte diaria, incluidos los niños, muy aficionados a tomarlas al final del entrenamiento o de la competición deportiva. En cuestión de azúcares y calorías, las bebidas para deportistas son equivalentes a cualquier refresco.
Caldos de verduras. Un caldo humeante antes de cada comida es adecuado para el estómago y lo predispone hacia una mejor digestión. Además, al llenarse de agua las tripas, se proveen de cierta sensación de saciedad que invita a comer menos o de una manera más moderada y más despacio, sin ansiedad. El agua de cocción de cualquier verdura sirve para traducirla en caldo, con su punto justo de sal y hierbas aromáticas. Si se baten las hortalizas cocidas, se consigue espesar un poco el caldo y obtener una reconfortante crema licuada, la de puerros, o la de lechuga, espinacas y calabacín.

BEBIDAS AROMATIZADAS


El mercado de las aguas embotelladas marca tendencias con las bebidas aromatizadas. Estas nuevas aguas están compuestas por este líquido (entre el 99,2% y el 99,7%), diversidad de aditivos (acidulantes, edulcorantes, conservantes, saborizantes y aromatizantes) y/o de extractos de plantas como el té verde, el rooibos o el ginseng.
El contenido en extractos de plantas es tan pequeño, que el consumidor no puede esperar beneficio alguno tras su consumo. La única ventaja que pueden tener es que, al dar sabor al agua, esta se consuma más por parte de quienes no tienen costumbre de beber. No obstante, en casa es fácil elaborar un agua con sabor natural si se añaden a la botella unas hojas de menta, una infusión que guste, un zumo de fruta, unas bolas de anís o unos granos de café.
MAITE ZUDAIRE


viernes, 2 de marzo de 2012

El agua en los alimentos



La actividad de agua de los alimentos está relacionada con su textura y con la proliferación de los microorganismos patógenos

El agua, un elemento esencial para la vida, es además uno de los principales componentes de los alimentos y, por sí sola, un factor determinante para su conservación y seguridad. El ataque de los microorganismos es la principal causa de deterioro y su crecimiento está ligado a la cantidad de agua que contiene el alimento.
La actividad de agua (aw) es la cantidad de agua libre en el alimento, es decir, el agua disponible para el crecimiento de microorganismos y para que se puedan llevar a cabo diferentes reacciones químicas. Tiene un valor máximo de 1 y un valor mínimo de 0. Cuanto menor sea este valor, mejor se conservará el producto. La actividad de agua está relacionada con la textura de los alimentos: a una mayor actividad, la textura es mucho más jugosa y tierna; sin embargo, el producto se altera de forma más fácil y se debe tener más cuidado.
A medida que la actividad de agua disminuye, la textura se endurece y el producto se seca más rápido. Por el contrario, los alimentos cuya actividad de agua es baja por naturaleza son más crujientes y se rompen con facilidad. En este caso, si la actividad de agua aumenta, se reblandecen y dan lugar a productos poco atractivos. En ambos casos, el parámetro de la actividad de agua del alimento es un factor determinante para la seguridad del mismo y permite determinar su capacidad de conservación junto con la capacidad de propagación de los microorganismos.

Agua y microorganismos


Controlar la actividad de agua en alimentos es sinónimo de alargar su vida útil

Cuanto menor es la actividad de agua de un alimento, mayor es su vida útil. Es importante diferenciar entre cantidad de agua y actividad de agua. El primer término hace referencia a la cantidad total de agua presente en el alimento, aunque puede ser que no esté libre para interaccionar. La actividad de agua, en cambio, hace referencia solo a la cantidad de agua libre en el alimento y disponible para reaccionar, es decir, la que puede facilitar la contaminación del producto.
Los alimentos con baja aw se conservan en óptimas condiciones durante períodos más largos de tiempo. Por el contrario, aquellos cuya actividad de agua es elevada están sometidos a contaminación microbiológica y su conservación es mucho más delicada. Por esta razón, en alimentos más perecederos se utilizan técnicas de conservación como la evaporación, secado o liofilización para aumentar así su vida útil. La actividad de agua es un parámetro que establece el inicio o final del crecimiento de muchos microorganismos. La mayoría de patógenos requieren una aw por encima de 0,96 para poder multiplicarse. Sin embargo, otros pueden existir en valores inferiores. Algunos hongos son capaces de crecer en valores inferiores a 0,6.
·         aw=0,98: pueden crecer casi todos los microorganismos patógenos y dar lugar a alteraciones y toxiinfecciones alimentarias. Los alimentos más susceptibles son la carne o pescado fresco y frutas o verduras frescas, entre otros.
·         aw=0,93/0,98: hay poca diferencia con el anterior. En alimentos con esta aw pueden formarse un gran número de microorganismos patógenos. Los alimentos más susceptibles son los embutidos fermentados o cocidos, quesos de corta maduración, carnes curadas enlatadas, productos cárnicos o pescado ligeramente salados o el pan, entre otros.
·         aw=0,85/0,93: a medida que disminuye la aw, también lo hace el número de patógenos que sobreviven. En este caso, como bacteria, solo crece S. aureus, que puede dar lugar a toxiinfección alimentaria. Sin embargo, los hongos aún pueden crecer. Como alimentos más destacados figuran los embutidos curados y madurados, el jamón serrano o la leche condensada.
·         aw=0,60/0,85: las bacterias ya no pueden crecer en este intervalo, si hay contaminación se debe a microorganismos muy resistentes a una baja actividad de agua, los denominados osmófilos o halófilos. Puede darse el caso en alimentos como los frutos secos, los cereales, mermeladas o quesos curados.
·         aw<0,60: no hay crecimiento microbiano, pero sí puede haber microorganismos como residentes durante largos periodos de tiempo. Es el caso del chocolate, la miel, las galletas o los dulces.

Controlar la actividad de agua


Controlar la actividad de agua en los alimentos es sinónimo de alargar su vida útil. Al conseguir una disminución de la cantidad total de agua libre, se disminuyen notablemente las probabilidades de contaminación microbiana. No todos los alimentos requieren los mismos cuidados. La miel no precisa cuidados extras; en cambio, alimentos como el pescado poco salado o los frutos secos más húmedos (higos) son más perecederos. En este caso, sí es importante el control de la actividad de agua.
Las dos maneras más importantes de reducir la actividad de agua de los alimentos pasan por el secado y la incorporación de sal o azúcar para atrapar las moléculas de agua. El primer método es el más antiguo y, además de secar, también ayuda a formar aromas y sabores típicos en los alimentos procesados con este método. Según el tipo de alimentos, se utiliza uno u otro mecanismo de secado: para alimentos sólidos como vegetales, frutas o pescado, se utiliza el secado con aire caliente; para líquidos como la leche, el secado por aspersión; para mezclas pastosas líquidas, el secado al vacío; y para una amplia variedad de productos, el secado por congelación.
Otro método consiste en agregar sal o azúcar a los alimentos. Este no requiere máquinas especializadas, pero sí debe tenerse mucho cuidado durante su procedimiento. Se añade azúcar en las mermeladas o concentraciones de salmuera en las carnes para disminuir la actividad de agua. El producto terminado debe evaluarse para determinar en cifras su actividad de agua.

EL AGUA

Dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno hacen de este compuesto un elemento vital para la vida de cualquier sustancia viva existente en la Tierra. Representa alrededor del 72% de la superficie total del planeta y entre el 50% y el 80% de la masa de los seres vivos. El agua es el compuesto químico primordial e insustituible para los seres vivos y sin ella no sería posible la vida. El ser humano posee un 80% de agua al nacer y entre un 60% y un 70% en la edad adulta. Para un adecuado funcionamiento, nuestro organismo requiere alrededor de tres litros de agua al día para evitar la deshidratación.
Se calcula que la mitad de esta cantidad viene dada por los alimentos, mientras que la otra mitad la debemos conseguir al ingerir líquidos. El agua más conocida es la mineral, compuesta a base de minerales y diversas sustancias disueltas que proporcionan un sabor y un valor terapéutico a la bebida. A menudo, proviene del deshielo y, a medida que desciende, adquiere las sales y los minerales.
El agua mineral siempre se ha bebido de la fuente, mientras que hoy en día es más común que las aguas minerales se embotellen y se distribuyan para su consumo. El agua carbonatada es la otra variante más consumida en todo el mundo. Conocida como agua con gas, contiene dióxido de carbono (CO2) que desprende burbujas cuando se despresuriza. El agua con gas puede provenir del deshielo y se denomina agua mineral gasificada. Por el contrario, si se obtienen los minerales de manera artificial, se denomina agua gasificada artificialmente mineralizada.

NATÀLIA GIMFERRER MORATÓ


miércoles, 29 de febrero de 2012

Obesidad en el embarazo: riesgos y cuidados


El exceso de peso en la embarazada es un factor de riesgo para la madre, el feto y el recién nacido.

 En España, la obesidad es una patología cada vez más prevalente en todos los grupos de edad y las mujeres embarazadas no están exentas de padecerla. Según el grado de sobrepeso que tenga la mujer al comenzar la gestación, el profesional sanitario establecerá cuántos kilos son recomendables ganar, ya que el incremento ha de ser menor que el de una mujer con peso normal. El exceso de peso, previo al embarazo o adquirido durante el mismo, es siempre un factor de riesgo que puede presentar complicaciones en la gestación, en el parto y posparto.
A una mujer que tiene un peso normal al inicio del embarazo, se le recomienda aumentar de 7 a 11 kilos durante toda la gestación. Son los necesarios para contribuir a la ganancia ponderal del feto y a los tejidos de soporte de la madre. Los aumentos menores se relacionan con el riesgo de retardo del crecimiento intrauterino. Sin embargo, ante el embarazo de una mujer obesa, las recomendaciones son distintas.
Si bien la gestación no es una época para someterse a un régimen de pérdida de peso, no hay que alejarse de las metas nutricionales que aconsejan los especialistas: resaltar la importancia de seleccionar alimentos de gran calidad nutricional y evitar los que son ricos en calorías y que resultan innecesarios. En caso de que la gestante sufra un aumento muy brusco de peso, sobre todo en los primeros cinco meses de gestación, la revisión ginecológica descartará una posible diabetes gestacional.

La disminución de ingesta calórica provoca un aporte insuficiente de nutrientes esenciales y puede causar trastornos en el desarrollo del feto

Asimismo, después de 20 semanas de embarazo, también hay que estar atenta a un aumento repentino de peso, ya que si se acompaña de hinchazón en pies, manos y rostro, puede ser síntoma de preclampsia. Esta situación se caracteriza, además de los signos citados, por hipertensión arterial, incremento de proteínas en la orina y dolor de cabeza. Afecta a un 10% de las gestantes y, hasta ahora, el tratamiento se basa en el reposo total para los casos más leves y en la inducción del parto, en los más graves.

Riesgos de la obesidad en el embarazo

Las mujeres obesas que buscan quedarse embarazadas deberían conocer los riesgos que su situación implica para el futuro de su gestación. Entre ellos figuran:
  • En la primera gestación (primíparas), una mayor posibilidad de partos muy prematuros (previos a las 32 semanas) y muertes fetales tempranas o tardías.
  • En las mujeres multíparas, es más elevado el riesgo de muerte fetal tardía, a las 28 semanas o posterior.
  • Aumenta la frecuencia de preeclampsia, relacionada de manera directa con el incremento del índice de masa corporal (IMC).
  • Mayor riesgo de dar a luz un lactante con un defecto del tubo neural (como la espina bífida), más allá de la ingesta de ácido fólico. Al parecer, el consumo adecuado de folato no parece conferir protección a estas mujeres, en comparación a las embarazadas de peso normal.
  • Son más numerosas y frecuentes las complicaciones obstétricas, como un parto prolongado, lo cual aumenta el riesgo de cesárea (y la prolongación del tiempo de recuperación) y el de tener un niño prematuro.
  • Mayor riesgo de padecer diabetes gestacional, cuando se detectan altos niveles de glucosa por primera vez durante el embarazo en mujeres no diabéticas. Las consecuencias de un mal control de esta enfermedad metabólica son muchas.
    • Para la gestante: 1 de cada 4 afectadas desarrolla diabetes mellitus tipo 2 al cabo de 5 o 10 años.
    • Para el futuro bebé: sufrir hipoglicemia neonatal y lesiones durante el parto; mayor riesgo de muerte; retraso en el desarrollo pulmonar; mayor riesgo de diabetes mellitus tipo 2 en la adolescencia y en la adultez, entre otras.

El riesgo de las dietas de adelgazamiento durante el embarazo

La gestación no es un momento idóneo para comenzar a hacer un régimen de adelgazamiento. Hasta el momento, no hay evidencias científicas que permitan asegurar que las dietas hipocalóricas administradas durante el embarazo resulten beneficiosas para la futura madre o el bebé. Al contrario, está demostrado que la disminución de ingesta calórica provoca un aporte insuficiente de nutrientes esenciales y puede causar trastornos en el desarrollo del feto.
Un déficit de nutrientes provoca el empleo de proteínas y grasas como fuente de energía, con la producción de cuerpos cetónicos que alteran el desarrollo neurológico fetal. Por tanto, es recomendable que las embarazadas obesas no se sometan a una restricción de calorías, sino que deben seguir el mismo criterio nutricional que una embarazada no obesa.

Plan de alimentación de la embarazada


Se sabe con certeza que el descenso sostenido de peso previo a la gestación previene muchas de las complicaciones asociadas a la obesidad. Por consiguiente, es importante, para alcanzar el término de la gestación sin problemas, un adecuado manejo dietético y con controles prenatales específicos. Para ello, los alimentos básicos que no deben faltar en la dieta de la mujer embarazada son los siguientes:
  • Lácteos. Mejor desnatados, tan ricos en cantidad de calcio y proteínas como sus homólogos enteros, pero con la mitad de grasa y de calorías.
  • Cereales y derivados. Pan, arroz, pasta, en cantidad y frecuencia moderada, de acuerdo a las indicaciones de la pauta dietética establecida por el especialista. El pan, las galletas y los cereales de desayuno, siempre conviene que sean integrales para aumentar el valor de saciedad y contribuir al aporte de fibra.
  • Legumbres. Combinadas con ingredientes vegetales, en la cantidad y frecuencia establecida en la pauta dietética.
  • Frutas. Sobre todo, que sean frescas y de temporada, con piel y muy bien lavadas.
  • Verduras y hortalizas. Se debe comer, al menos, una ensalada al día. Incluir verduras como ingrediente de primeros y segundos platos, cocinadas con poca grasa.
  • Carnes, pescados y huevos. Elegir los cortes magros de las carnes y eliminar la grasa visible. Elaborarlos con técnicas culinarias que requieran poca grasa, al horno, a la plancha, a la parrilla, al vapor o estofados con poca cantidad de aceite.
  • Grasas y aceites (de oliva y semillas). Hay que utilizar con prudencia el aceite, ya sea de oliva o de semillas, y se aconseja limitar al máximo el resto de alimentos grasos, como mantequilla o margarina, mayonesa, nata, manteca, sebo, embutidos, frutos secos grasos, aceitunas o aguacates, entre otros.

lunes, 27 de febrero de 2012

Problemas de corazón en niños y jóvenes


Las alteraciones de corazón en la infancia y adolescencia se han multiplicado por diez en una década debido a hábitos de vida poco saludables


Las enfermedades del corazón son una de las principales causas de muerte en adultos, pero no en niños y adolescentes. Sin embargo, son dolencias que comienzan a gestarse desde los primeros años de vida. Si la tendencia no se revierte, en 20 años las enfermedades cardiovasculares se manifestarán una década antes; en otras palabras, se diagnosticarán a los 45 años. Hoy, en población menor de 24 años, ya se detectan problemas que antes eran muy poco comunes a estas edades, como la intolerancia a la glucosa, colesterol elevado o hipertensión. Las cifras empiezan a ser preocupantes. Por este motivo, es crucial inculcar buenos hábitos desde la infancia.

Las alteraciones cardiovasculares infantiles se han multiplicado por diez en los últimos años, sobre todo, en niños obesos.

Es la principal conclusión que especialistas en gastroenterología, hepatología y nutrición pediátrica de todo el país extrajeron del II Foro de la Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (SEGHNP), celebrado recientemente en Segovia. Este dato les ha llevado a analizar los factores alimentarios como detonantes principales de la enfermedad cardiovascular infarto-juvenil, así como a elaborar un plan de prevención: es más fácil enseñar buenos hábitos de vida y de alimentación desde la infancia, que cambiarlos en la edad adulta.

El corazón y la obesidad en niños y adolescentes

Los especialistas se han basado en la hiperalimentación (comer en exceso) y la hipoalimentación (comer de forma insuficiente). Con ello, han querido dar un paso más y no centrarse solo en la obesidad ya instaurada, que sufre un 20% de la población en edad escolar, según datos de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). Entre un 30% y un 40% de estos ya manifiestan problemas cardiovasculares. La consecuencia: cuando lleguen a la edad adulta, además de obesidad, sufrirán diabetes, problemas articulares, hipertensión o ateroesclerosis precoz. De hecho, son problemas cada vez más diagnosticados en niños y adolescentes.
Los expertos alertan del desconocimiento entre la población en general respecto a la obesidad y sus consecuencias. Solo entre un 7% y un 10% de las familias españolas con hijos obesos consultan al médico, bien por querer esconderlo o por confundirlo con un mero problema estético. Acostumbran a recurrir al especialista demasiado tarde, cuando la afección puede haberse vuelto irreversible.

Más factores de riesgo para el corazón

 

Las alteraciones cardiovasculares infantiles se han multiplicado por diez en los últimos años, sobre todo en niños obesos

La obesidad no es el factor de riesgo cardiovascular más importante en edades tempranas. Otros aspectos cruciales que se deben tener en cuenta son: la hipertensión, poco habitual en niños, pero que si se desarrolla hay que tratarla; colesterol elevado, que empieza en la niñez y progresa lentamente hasta la edad adulta; tabaquismo o sedentarismo.
El plan de prevención que recomiendan los expertos pasa por incorporar en familias, instituciones, colegios y profesionales sanitarios, la enseñanza y el aprendizaje de comer bien desde la infancia y de incluir la actividad física en la rutina diaria, como al animar a subir escaleras. De igual manera, se debe reducir el consumo de televisión y ocupar el tiempo libre con actividades menos sedentarias. En el ámbito escolar, aconsejan promover más actividades al aire libre, en detrimento de la creciente diversión con aparatos electrónicos.
Es crucial que las familias otorguen importancia a la alimentación de sus hijos. A pesar de que hasta los 3 años la alimentación del bebé es una de las preocupaciones prioritarias de los progenitores, a partir de ahí, es frecuente un progresivo desentendimiento, con las consiguientes repercusiones en la salud.

Tabaco y ropa ajustada perjudican el corazón

Un estudio reciente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) ha avisado de la alarmante incidencia de factores de riesgo entre los jóvenes, que podrían sufrir un infarto de miocardio prematuro (personas menores de 46 años). Entre estos factores, además de la obesidad, figuran el tabaco y los antecedentes familiares. No obstante, según los resultados, el tabaco es el principal responsable, al multiplicar por seis las posibilidades de evento cardiaco prematuro: cerca del 75% de los jóvenes que sufren un infarto son fumadores. Este dato es especialmente trascendental en hombres (90% de los casos), pero se prevé que en los próximos años tenderá a igualarse entre géneros, debido al aumento del tabaquismo en mujeres.
Aunque a estas edades hay mayores posibilidades de sobrevivir al infarto, suele haber recidivas o derivar en alguna enfermedad coronaria crónica. Como consecuencia, en estos pacientes deberá realizarse una prevención secundaria estricta, con el gasto sanitario consecuente. La mejor alternativa, por tanto, es la prevención.
También la SEC ha advertido de un nuevo factor de riesgo de problemas cardíacos: el uso continuado de ropa demasiado ajustada que impide realizar movimientos de forma natural y que, tras llevarla durante unas cuantas horas, deja marcas en la piel. Parece ser que este tipo de indumentaria dificulta la circulación sanguínea venosa y aumenta el riesgo de edemas. Asimismo, también podría provocar retención de líquidos y de toxinas que favorecen la celulitis y depósitos de grasa en algunas zonas del cuerpo. Por último, señalan que puede dificultar la digestión y obstruir el correcto paso de aire y oxígeno por el cuerpo.

MUERTE SÚBITA


Más allá de los factores de riesgo relacionados con el estilo de vida, hay un pequeño porcentaje de jóvenes que pueden sufrir problemas cardiovasculares por motivos hereditarios. La mayor parte de las muertes súbitas inexplicadas en edades tempranas se deben a enfermedades cardíacas de origen genético. Entre estas destacan sobre todo las miocardiopatías y las enfermedades de los canales que dirigen el impulso eléctrico del corazón. En ambos casos, el desencadenante de la muerte súbita es una arritmia mortal.
El correcto diagnóstico y seguimiento de estos pacientes puede ayudar mucho a identificar a quienes pueden beneficiarse de una terapia preventiva. El estudio genético también puede identificar otros posibles familiares con riesgo y excluir a quienes no están afectados.
Investigadores de los Países Bajos, que estudiaron a casi 1.000 fetos y bebés, detectaron que las mujeres con sobrepeso y que fuman durante el embarazo triplican el riesgo de anomalías cardiovasculares congénitas durante la gestación. Esta relación, según publica la revista 'Heart', se suma a otras ya conocidas, puesto que la obesidad y el tabaco durante el embarazo ya se habían asociado con abortos espontáneos, retraso del crecimiento y nacimiento prematuro.

Núria Llavina Rubio
        



viernes, 24 de febrero de 2012

Freír alimentos con seguridad



Una excesiva cocción favorece la formación de sustancias tóxicas en algunos alimentos

Freír los alimentos parece una tarea fácil, ¿pero es tan simple en realidad? Si bien es una técnica que no supone muchas dificultades, no siempre resulta sencilla. No es lo mismo un alimento bien frito y crujiente que otro quemado o con demasiado aceite. Además, se sabe que freír los alimentos no es la opción más saludable, pero es una técnica más y, en ocasiones, la única que se puede utilizar. Una mayor ingesta de grasas, la alteración de los ácidos grasos al calentarse o la formación de los hidrocarburos aromáticos son algunos efectos de la fritura que pueden evitarse, en mayor o menos medida, si se realiza la técnica de forma correcta.
Además de la fritura, hay otras opciones culinarias que se asemejan mucho, como el braseado, la parrilla o el ahumado. Todas conllevan algunos riesgos si no se realizan de forma adecuada. Por el contrario, con algunos consejos se consigue una comida segura y nutritiva. La primera premisa es, sin duda, que los alimentos estén del todo cocinados y que se alcance la cocción adecuada para asegurar que no pueda haber patógenos (a partir de 65ºC en el interior de las piezas).
El aceite con el que se frían los alimentos es también muy importante. Es aconsejable utilizar el de oliva, ya que aguanta mucho más las altas temperaturas a las que se somete la fritura. Su densidad es mayor que el resto de aceites. Por este motivo, aguanta más la temperatura. De lo contrario, otros aceites se queman con mucha facilidad y desprenden toxinas que pueden ser nocivas para la salud del consumidor. Se debe utilizar abundante cantidad de aceite, para que se queme menos y los alimentos se cocinen antes. Además, se evita tiempo de exposición y, por tanto, tampoco se absorbe demasiado aceite.

Ni poco ni demasiado cocinado


Cocinar en exceso los alimentos puede disminuir su seguridad final. Una excesiva cocción favorece la formación de sustancias toxicas como N-nitroso o aminas heterocíclicas (AHC), que pueden provocar efectos adversos para la salud. En alimentos ricos en almidón, como el pan, cereales, galletas o patatas, una excesiva cocción puede desencadenar la formación de acrilamida, un compuesto asociado también a efectos adversos para la salud. Para evitarlo, es importante tener en cuenta algunos trucos y disfrutar de comidas seguras, además de sanas.
·         Reducir el tiempo de fritura con el uso de aceite de oliva en abundante cantidad, sin que se "bañe" el alimento. Lo importante es que el aceite toque todo el alimento.
·         Utilizar termómetro para medir la temperatura de la carne y así controlar la temperatura interior (65ºC durante dos minutos).
·         Retirar las partes quemadas de los alimentos, en el caso de la carne. No comer tampoco su jugo si se ha quemado alguna parte.
·         Adobar la carne con aceite, vino, cerveza u otro tipo de adobos protege y reduce la formación de compuestos dañinos para la salud.

El aceite, esencial


El aceite es primordial para una adecuada fritura. Debe estar bien caliente para que el alimento se cocine más rápido y se absorba menos cantidad de aceite. En caso contrario, los alimentos se empapan de ácidos grasos y no quedan crujientes.

El aceite debe estar bien caliente para que el alimento se cocine más rápido

Pero si el aceite es demasiado caliente y llega a quemarse, se forman los compuestos tóxicos y dañinos para la salud. El aceite debe estar caliente, su estado pasa de viscoso a líquido sin que llegue a humear, que sería señal de que se empieza a quemar. Para eliminar el exceso final de aceite es recomendable escurrir el alimento con papel absorbente y eliminar con ello calorías y grasas que quedan en el papel.
El aceite de fritura debe utilizarse solo una vez. El hecho de que con la temperatura experimente modificaciones en sus propiedades beneficiosas hace conveniente utilizar aceite nuevo cada vez. Nunca se debe utilizar el aceite de la fritura como condimento o aliño de ensaladas, este deberá retirarse y desechar en el contenedor específico para su reciclaje.

Trucos para una mejor fritura


Para precisar mejor la aparente facilidad de la técnica de fritura, se deben tener en cuenta algunos aspectos como:
·         Los alimentos deben estar lo más secos posibles cuando se frían. En caso de pasarlos por agua antes, deben secarse bien.
·         Si se rebozan, deben quedar sumergidos.
·         Debe evitarse freír grandes cantidades de alimentos a la vez, ya que la temperatura del aceite cae y se registra un inadecuado proceso de fritura.
·         Es aconsejable recubrir los alimentos ricos en agua, como el pescado, con una capa de harina, huevo o pan rallado. Así se evita que el vapor del agua impida una correcta fritura.
·         Los alimentos rebozados, como las croquetas, buñuelos o pollo, hay que freírlos con una temperatura del aceite de 180ºC.
·         Para verduras rebozadas, debido a su contenido en agua, la temperatura del aceite debe ser algo menor, unos 160ºC.
·         Para alimentos gruesos o de gran tamaño, la temperatura debe rondar 140ºC.

ACRILAMIDA


La acrilamida es una sustancia tóxica, con potencial cancerígeno, que se forma durante la fritura de productos ricos en almidón, como pan, galletas o patatas fritas, entre otros. El alimento donde más restos del compuesto se han hallado son las patatas fritas. En cambio, en patatas hervidas o al vapor, no se localizan restos de acrilamida.
Sus efectos en la salud están en estudio de forma constante y, por ahora, se ha comprobado que la exposición a la acrilamida puede provocar daños en el sistema nervioso y alteraciones fértiles. Sin embargo, los expertos señalan que las concentraciones halladas son inferiores a las necesarias para causar daños.
Hay diferencias de opiniones, ya que algunas fuentes indican que el compuesto es un potente cancerígeno genotóxico, frente a otras que lo señalan como alarmismo. La cuestión es que el consumidor desconoce los efectos reales de este compuesto. Según la Unión Europea, los límites legales fijados para la acrilamida en agua potable es de 0,1 microgramos por litro. En cuanto a la cantidad diaria admisible para evaluar los riesgos de la acrilamida, se ha establecido en cinco microgramos de kilo de peso corporal y día.
     
       NATÀLIA GIMFERRER MORATÓ



miércoles, 22 de febrero de 2012

Comer ajo cada día protege el corazón



 Tomar ajo a diario reduce el colesterol total y los triglicéridos, aunque no debe sustituir al tratamiento médico, sino ser un complemento a la dieta


"Ajo, cebolla y limón y déjate de inyección". Decenas de refranes castellanos hacen alusión al ajo y a la cebolla, alimentos universales en la cocina tradicional y que la sabiduría popular ha usado como remedio para muchas dolencias. La ciencia corrobora lo que la intuición y el conocimiento empírico han constatado durante siglos: el ajo es bueno para la salud coronaria, pero en ningún caso debe sustituir al tratamiento médico. Un reciente metanálisis concluye que el consumo habitual de ajo mejora el perfil lipídico del colesterol total y de los triglicéridos, lo que redunda en una protección adicional para la salud del corazón y las arterias.

La prevención de las enfermedades cardiovasculares a través de la modificación de sus principales factores de riesgo (como el control de la tensión arterial y de los niveles de colesterol en suero) es una estrategia vitalicia. El consumo regular de ajo ha demostrado ser efectivo en el tratamiento complementario de las dislipemias, pero su impacto en los niveles de colesterol (diagnóstico de hipercolesterolemia con colesterol total superior a 200 mg/dl) ha sido inconsistente en algunos ensayos y, por tanto, discutible.

Más ajo, menos colesterol y triglicéridos

El ajo en polvo y el extracto de ajo son eficaces para reducir el colesterol total

El último y más reciente metanálisis realizado por el Instituto de Toxicología de la Universidad china de Shandong concluye, tras revisar 26 estudios aleatorizados, doble ciego y controlados con placebo, que el consumo habitual de ajo tiene un efecto modesto en la reducción de los niveles de colesterol total y de triglicéridos, pero no en otros parámetros lipídicos como las lipoproteínas de baja densidad (LDL colesterol) y las lipoproteínas de alta densidad (HDL colesterol). Según este estudio, los efectos del ajo fueron más marcados en los sujetos con intervención a largo plazo, superior a cuatro semanas de tratamiento.
Los responsables de la investigación observaron diferencias según las distintas presentaciones. El ajo en polvo y el extracto de ajo fueron más eficaces en la reducción de los niveles séricos de colesterol total, mientras que el aceite de ajo tuvo más impacto en la disminución de los niveles séricos de triglicéridos.
Estas conclusiones no son tan contundentes en otras revisiones sistemáticas anteriores, como la realizada en 2009 por la Facultad de Medicina de la Universidad de Malaya, en Kuala Lumpur (Malasia), y años antes, en 1994, por el Departamento de Salud Pública y Atención Primaria de la Universidad de Oxford y, en 1993, por el Departamento de Medicina del New York Medical College. En estos casos, coinciden en que la terapia con ajo no reduce de manera sustancial los niveles de colesterol sérico, si bien se registra una mejoría en el perfil lipídico. Algunos autores sugieren que con la ingesta de un diente de ajo por día, o una cantidad equivalente en preparado, se logra una disminución de entre un 10% y un 12%, de tasas totales de colesterol, en comparación con el placebo.
Por tanto, aunque tomar ajo a diario tiene una respuesta positiva en el perfil lipídico, en ningún caso debe sustituir al tratamiento recetado por el médico para controlar las dislipemias y se usará, siempre bajo aprobación facultativa, como complemento dietético, de apoyo.

Los alimentos imprescindibles

Ajo, aceite de oliva, aceite de lino, pescado azul, legumbres y nueces son imprescindibles en una dieta terapéutica para las dislipemias

A la luz de las evidencias científicas, las dislipemias mejoran si se sigue una dieta terapéutica. Se entiende como tal la dieta que, en los criterios de equilibrio nutricional, incluye alimentos cuyo consumo habitual ha demostrado beneficio para el sistema coronario y prescinde de otros que entorpecen la mejoría. Los siguientes alimentos se entienden imprescindibles en una dieta cardiosaludable:
·         Ajo: un diente de ajo al día es beneficioso (excepto en casos de gastritis u otras dolencias estomacales) y parece proporcionar una mejora añadida para el control del colesterol y los triglicéridos.
·         Aceite de oliva virgen extra: rico en ácidos grasos monoinsaturados, vitamina E y fitosteroles, todos ellos compuestos cardioprotectores.
·         Aceite de lino: una cuchara sopera diaria como complemento de omega 3.
·         Nueces, una ración (4-6 unidades): contienen omega 3 y fitosteroles, ambos compuestos están reconocidos por su papel en la reducción del colesterol.
·         Pescado azul: 3-4 veces por semana, en raciones de 140 gramos. Proporciona ácidos grasos omega 3.
·         Legumbres variadas, incluidos los guisantes.
·         Verduras verdes (acelga, achicoria, lechuga, espinacas...), brotes o germinados y verduras de tallo (puerro, apio, cardo).

NO HAY SOPA BUENA SIN AJO


"No hay campana sin badajo, ni sopa buena sin ajo", "Tan sano es el trabajo como es la sopa de ajo". El refranero continúa con unos cuantos dichos referentes a las cualidades de salud del ajo, así como a su momento idóneo de siembra, plantación o recogida. En la cocina, el ajo es omnipresente, como relata el periodista y escritor Julio Camba, quien en su libro 'La casa de Lúculo' dedica un capítulo entero a las bondades y posibilidades culinarias del ajo y de la cebolla.
La sopa de ajo tiene presencia indiscutible en el recetario tradicional de los hogares españoles, en todas sus variantes; desde la sustanciosa sopa de ajo castellana con tropiezos de jamón y huevo, hasta otras propuestas originales, como la sopa de ajo con nueces o con almejas.
De sabor duradero también es la tostada untada de ajo y aderezada con hierbas aromáticas, que bien combina con una tajada fina de un buen jamón ibérico o con atún y anchoas. Para desayunos, almuerzos o meriendas, es original la propuesta de pan de ajo tipo plumcake, que puede sustituir en las comidas al pan del día.
       
         MAITE ZUDAIRE


martes, 21 de febrero de 2012

La diabetes infantil, en aumento



La incidencia de diabetes infantil se ha incrementado en un 3,8% en todo el mundo, sobre todo, en menores de cinco años


La diabetes infantil es una de las enfermedades crónicas más comunes en la infancia y la adolescencia. Su incidencia anual ha aumentado un 3,8% en todos los países, sobre todo, entre los niños menores de cinco años. Nueve de cada diez pequeños afectados padecen la diabetes tipo 1, por un déficit de producción de insulina. En España, entre 10 y 25 niños por cada 100.000 menores de 14 años son diagnosticados de diabetes mellitus tipo 1, según datos de la Sociedad Española de Endocrinología Pediátrica (SEEP). La Unidad de Diabetes Pediátrica Hospital Universitario Ramón y Cajal maneja cifras similares. El pasado noviembre, con motivo del Día Mundial de la enfermedad, sus especialistas señalaron que, en nuestro país, la diabetes mellitus tipo 1 afecta a unos 30.000 menores de quince años. Y cada año se registran unos 1.100 casos nuevos.
Hace solo unos años, el debut de la diabetes infantil era frecuente en la pubertad. Ahora, cada vez es más habitual en los menores de 5 años. La diabetes tipo 1 se manifiesta -de forma brusca- a cualquier edad, pero sobre todo en niños, adolescentes o en los primeros años de la vida adulta. Ocurre cuando las células del páncreas encargadas de movilizar la glucosa de la sangre (beta) al interior de las células producen poca o ninguna insulina. Entonces, se desarrollan los síntomas característicos de esta enfermedad.
A pesar de que no se conoce la causa exacta de su origen, los factores de riesgo más frecuentes son genéticos, ambientales y autoinmunes. Se apuntan como desencadenantes: la herencia genética, la exposición a pesticidas e, incluso, una infección que provoque que el organismo ataque sus propias células beta. Los afectados son propensos a sufrir otros trastornos del sistema autoinmune.
Entre los factores ambientales, destaca el papel de los pesticidas como desencadenantes de la enfermedad. Varios estudios han detectado una relación entre el riesgo de desarrollar diabetes (más la tipo 2) y la exposición a pesticidas que se utilizaban hace años, pero cuyos residuos aún están presentes. Es el caso de los organoclorados, los bifenilos policlorados (PCB) y otras sustancias químicas de la categoría "contaminantes orgánicos persistentes".
La exposición prolongada a la contaminación del aire, relacionada con el tráfico, también puede contribuir al desarrollo de la diabetes, en especial en individuos con un estilo de vida saludable, no fumadores, y en los individuos físicamente activos. Estas son las conclusiones de un estudio de cohorte realizado en Dinamarca con más de 57.000 personas y un seguimiento de 9,7 años. Los científicos responsabilizan de este incremento a "factores ambientales más agresivos", que hacen que la enfermedad se desarrolle de manera precoz.

Síntomas de la diabetes tipo

Las principales señales que delatan a la enfermedad -es decir, que hay un nivel alto de glucemia- son:

  • El niño tiene sed excesiva (polidipsia).
  • Micciona con mucha frecuencia (poliuria).
  • Tiene un hambre inusual, con pérdida de peso.
  • Muestra señales de cansancio y falta de concentración.
  • Se queja de visión borrosa.
  • Sufre infecciones frecuentes (en piel, encías o vejiga) que no terminan de curar.
Los pequeños también pueden manifestar irritabilidad y cambios de ánimo, sensación de malestar en estómago y vómitos, entumecimiento u hormigueo en los pies y las manos y, por supuesto, registrar niveles altos de azúcar en la sangre y en la orina.
En algunas personas diabéticas, la primera señal de enfermedad es la cetoacidosis. Cuando el organismo no puede utilizar la glucosa como fuente de energía para las células (por insuficiencia de insulina), usa la grasa acumulada. Los productos derivados del metabolismo de las grasas (cetonas) se acumulan en la sangre y en la orina, y estas, en niveles elevados, son tóxicas. Este cuadro se conoce como cetoacidosis diabética y sus síntomas habituales son: niveles de glucemia muy elevados, tener una respiración rápida y profunda, sequedad de piel y mucosas, aliento afrutado, náuseas, vómitos y dolor de estómago.

Efectos de la diabetes sobre la salud de los niños

Un diagnóstico a tiempo, los programas de educación sanitaria y los autocuidados son fundamentales para prevenir los problemas asociados

Además de los problemas a corto plazo -como la cetoacidosis-, con el trascurso de los años y sin el debido control ni tratamiento, la diabetes tiene múltiples consecuencias sobre la salud de las personas que la padecen. Puede causar pérdida de visión, hipertensión, enfermedades cardiovasculares y respiratorias e impotencia sexual, entre otras. La Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) insiste en que es de vital importancia promover la educación sobre diabetes para lograr un adecuado autocontrol por parte del paciente y sus cuidadores.
Al respecto, los profesionales recuerdan que el manejo de la enfermedad se basa en tres puntos claves: la alimentación, la actividad física y el tratamiento con insulina. Un diagnóstico a tiempo, seguir programas de educación sanitaria y los autocuidados son fundamentales para prevenir los problemas asociados -incluso, disminuir la tasa de fallecimientos-, que pueden empezar a desarrollarse ya en la tierna infancia, como la ceguera, la insuficiencia renal o las enfermedades cardiovasculares.

Obesidad y diabetes


La obesidad y el sobrepeso en niños es un problema de salud pública en todo el mundo. El estilo de vida occidental, con poca o nula actividad física y una ingesta elevada de calorías, no hacen más que incrementarlo a una velocidad de vértigo: en nuestro país se han triplicado las cifras de obesidad infantil y los últimos datos epidemiológicos señalan que afecta a un 14% de los niños, sobre todo, varones. Hay más niños que nunca con sobrepeso, obesidad e, incluso, obesidad mórbida.
Y ello tiene consecuencias: diabetes mellitus tipo 2, enfermedad cardiaca, HTA, colesterol elevado, ictus, algunos cánceres, artritis y alteraciones de la respiración durante el sueño (apneas e hipoapneas del sueño). Además, los especialistas en salud infantil insisten en que hay que remediarlo cuanto antes, porque la probabilidad de que un niño "gordito" se convierta en un adulto obeso aumenta de un 20% a los 4 años a un 80% en la adolescencia.

     
       MONTSE ARBOIX