jueves, 3 de abril de 2014

Grasas trans, ¿dónde se esconden?


La bollería industrial para niños, las galletas rellenas de chocolate y los cereales chocolateados encabezan la lista de alimentos que pueden contener ácidos grasos trans

El consumo elevado de grasas trans tiene efectos negativos en el organismo. Ninguna entidad implicada en la salud pública lo discute. El incremento que generan este tipo de ácidos grasos (AGT) en el riesgo de padecer cardiopatías se ha observado una y otra vez en estudios clínicos bien diseñados, según ha detallado en enero de 2014 la Academia de Nutrición y Dietética de Estados Unidos. Si bien es cierto que bajas dosis de ingesta de AGT supondrán un riesgo inferior, cualquier dosis aumenta el riesgo. Aunque empresas como EROSKI han decidido de forma voluntaria eliminarlos de sus productos de marca propia, los AGT aún siguen en el mercado, por lo que es conveniente saber por qué son preocupantes y dónde suelen estar. El siguiente artículo explica qué son las grasas trans, por qué son peligrosas y en qué alimentos es más probable encontrarlas.

¿Qué son los ácidos grasos trans?

Los AGT son un tipo de ácidos grasos con una configuración especial, que pueden producirse tanto de forma natural (fermentación en el rumen de los rumiantes), y que encontramos en cárnicos o lácteos, como mediante determinados procesos de hidrogenación llevados a cabo por la industria alimentaria. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) consideró en 2010 que el efecto negativo de los AGT sobre los lípidos sanguíneos es similar tanto si provienen de alimentos naturales, como si lo hacen de alimentos procesados. No obstante, mientras que está bien establecido que la ingesta de AGT de alimentos transformados se asocia a un incremento en el riesgo cardiovascular, las actuales pruebas científicas no permiten determinar si este efecto se produce con AGT de origen natural.

¿Por qué son peligrosas las grasas trans?

La configuración de los AGT es muy similar a la de los ácidos grasos saturados. Estos últimos, pese a que no es preciso ingerirlos a través de la dieta, son necesarios en el ser humano, ya que, entre otras funciones, protegen a las células de la oxidación, y es por ello que tenemos mecanismos para sintetizarlos. Sin embargo, los AGT no son en absoluto necesarios: nuestro cuerpo no los sintetiza y su ingesta está desaconsejada. ¿Por qué?
En primer lugar, porque aparentan ser algo que no son: la configuración de los AGT es similar a la de los ácidos grasos saturados, y ahí radica uno de los problemas asociados a su consumo. Nuestro organismo los "confunde" y los incorpora en las membranas biológicas de las células, en el lugar donde irían los saturados. Ello altera la permeabilidad de la célula y hace que se oxide con más facilidad (proceso relacionado con el envejecimiento celular). Se podría comparar con utilizar en verano una crema solar que, en vez de proteger de los rayos ultravioleta perjudiciales, hiciera que fuera más fácil que estos quemasen nuestra piel.
Pero además, los AGT, una vez ingeridos, alteran el equilibrio del colesterol sanguíneo: entre otros efectos adversos, disminuyen las concentraciones de colesterol HDL (conocido como "colesterol bueno"). La EFSA considera que una alta ingesta de AGT se relaciona de manera "consistente" con un mayor riesgo de enfermedad coronaria.

¿En qué tipo de alimentos podemos encontrar grasas trans?

La mayoría de los AGT presentes en los alimentos se genera mediante la hidrogenación, un proceso que permite obtener grasas semisólidas con características interesantes para la elaboración de alimentos, pero que a su vez despiertan gran preocupación en el ámbito sanitario. Aunque muchos fabricantes de alimentos han reducido la presencia de AGT, todavía es posible ingerir altas cantidades de estas sustancias, tal y como mostraron Stender y colaboradores en la revista BMJ Open en septiembre de 2012. Salvo excepciones, las etiquetas no suelen declarar su contenido en AGT, lo que dificulta su identificación.
Una pista para detectar los AGT consiste en revisar si la etiqueta del producto detalla que contiene grasas "parcialmente hidrogenadas". En tal caso es casi seguro que tendrá también AGT. La siguiente lista, elaborada en base a datos aportados por la Academia de Nutrición y Dietética y la Asociación Británica de Dietética, apunta dónde es posible que se "escondan" hoy los AGT:

Bollería industrial.

Comida para llevar.

Cremas.

Comida rápida o fast food.

Fritos.

Galletas o pasteles.

Palomitas de maíz para el microondas.

Pastelería.

Patatas fritas de bolsa u otros aperitivos similares.

Pizza congelada.

Postres o helados.

Precocinados (empanadas, croquetas, etc.).

El Comité Científico de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), por su parte, detalló en 2010 que de entre los alimentos más arriesgados por su contenido en AGT destacan las galletas rellenas de chocolate, la bollería infantil y los cereales con chocolate.


JULIO BASULTO

miércoles, 26 de marzo de 2014

Comer mal, primer paso hacia las enfermedades crónicas


El origen de muchas enfermedades crónicas está relacionado con una alimentación inadecuada, así como con hábitos poco saludables, entre los que sobresalen el tabaquismo y la vida sedentaria

Las enfermedades crónicas, también denominadas "enfermedades no transmisibles", son dolencias de larga duración que se desarrollan de forma lenta, a medida que pasan los años. Los cuatro tipos principales son, según la Organización Mundial de la Salud, las patologías cardiovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas y la diabetes. Suponen una auténtica pandemia, ya que generan el 63% de todas las muertes anuales en el mundo, una cifra que en España no es muy diferente (un 60%). Por ello, el Ministerio de Sanidad publicó un informe en diciembre de 2013 en el que valora la evolución de los factores más implicados en la génesis de dichas enfermedades: el tabaquismo, la inactividad física, la obesidad, el consumo insuficiente de frutas y verduras y el consumo de alcohol. El siguiente artículo profundiza en estos aspectos, muchos de los cuales están ligados con la alimentación.

Enfermedades crónicas: los cinco factores de riesgo, al detalle

El informe del Ministerio de Sanidad, titulado 'Tendencia de los principales factores de riesgo de enfermedades crónicas', se basa en las Encuestas Nacionales de Salud. Tras monitorizar a muestras representativas de la población española mayor de 16 años en los años 2001, 2003, 2006, 2009, 2011 y 2012, el Ministerio publicó este documento, con la evolución de la prevalencia de los citados factores de riesgo. Supone un muy buen punto de partida para abordar la prevención y el control de las enfermedades crónicas mediante líneas de acción eficaces.

·                            1. Tabaquismo. Aunque la proporción de fumadores en España sigue siendo alta, esta ha disminuido, tanto en hombres como en mujeres. En 2001 había un 34,5% de fumadores, mientras que en 2011/12 la cifra era de un 27,1%. No obstante, en el grupo de mujeres de entre 45 y 64 años la tendencia fue ascendente. También disminuyó el porcentaje de grandes fumadores (20 o más cigarrillos al día), que pasó de un 11% a un 8,3%. Es más frecuente que fumen los varones que tienen menores niveles de estudios. En mujeres, el patrón es diferente, ya que depende de la edad: en las menores de 45 años, el porcentaje de fumadoras más bajo se observa en las que tienen más estudios, mientras que en las mayores de 45 años sucede al revés.
·                            2. Inactividad física. La inactividad física tiene muy preocupados a los responsables sanitarios, ya que supone el cuarto factor de riesgo de mortalidad, por detrás del tabaquismo, la hipertensión arterial y el exceso de azúcar en la sangre. El informe revela un dato nada esperanzador: más del 40% de la población adulta española (39% en hombres y 49,9% en mujeres) se declara inactiva en su tiempo libre, algo que es más frecuente en individuos con menor nivel de estudios. La tendencia de la inactividad física en la década estudiada fue desigual, ya que aumentó entre 2001 y 2003, se redujo hasta 2006 y volvió a aumentar desde entonces hasta 2011 y 2012.
·                            3. Obesidad. No menos preocupante resulta la obesidad. Se estima que al menos una de cada 13 muertes podría estar asociada con el exceso de peso. El informe indica que "la obesidad es responsable del 80% de los casos de diabetes del adulto, del 55% de los de hipertensión arterial en adultos y del 35% de los casos de la enfermedad coronaria". En España, la frecuencia de la obesidad en adultos aumentó en términos absolutos un 3,8% en todos los grupos de edad y sexo estudiados, salvo en las mujeres de 45 a 63 años, en las que la obesidad se redujo un 2,6%. El exceso de peso es más frecuente en personas con un menor nivel de estudios.
·                            4. Consumo insuficiente de frutas y verduras. Cada vez más estudios de investigación muestran, según el informe, que el consumo de frutas y verduras podría reducir el riesgo de algunas las principales enfermedades crónicas. De hecho, se indica que la ingesta diaria de 5 o más raciones de frutas y verduras (que corresponde a unos 400 gramos) reduciría el riesgo de enfermedad coronaria en un 17%. Se detalla que la relación entre un mayor consumo de frutas y verduras y la reducción del riesgo de cáncer de boca, faringe, esófago, colon y recto es "probable". Sin embargo, el informe no aporta buenas noticias: casi tres de cada diez españoles (el 28,6% de la población adulta del país) presentan un consumo insuficiente de frutas y verduras, una cifra que arroja pocas variaciones en el decurso de la década analizada por los investigadores. Es más frecuente que los hombres tomen menos frutas y verduras que las mujeres. Como sucede con otros hábitos de salud, el escaso consumo de frutas y verduras es mayor en individuos con menores niveles de estudios.
·                            5. Consumo arriesgado de alcohol. Europa es, según la OMS, una de las zonas del mundo con mayores niveles de consumo de alcohol y de daños relacionados con su ingesta. El consumo de alcohol se asocia con diversos riesgos para la salud. El informe detalla que, además de generar diversas enfermedades (el 3% de las muertes por cáncer están relacionadas con el alcohol), tomar alcohol se relaciona con diversos "daños colaterales". Así, entre un 30% y un 50% de los accidentes de tráfico son atribuibles al alcohol, por no hablar del perjuicio que puede ejercer en las personas del entorno del bebedor, ya sea a través de la violencia en la calle, la violencia doméstica o mediante el uso de recursos públicos (se incrementan los costos de la atención sanitaria y de hacer frente a la delincuencia y el desorden). En este caso, el informe revela datos esperanzadores, ya que el porcentaje de consumidores de una cantidad de alcohol que supone un riesgo crónico para la salud ha disminuido: era del 4,1% en 2003, mientras que en 2011 y 2012 se situó en un 1,2%. En cuanto a la relación con niveles de estudios, se observa que en hombres existe una relación inversa (a mayores niveles de estudios, menor consumo arriesgado de alcohol), algo que no se observa en mujeres (no parece haber una asociación).

Controlar los factores de riesgo para prevenir las enfermedades crónicas

Para la OMS, la prevención y el control de los factores de riesgo antes detallado, así como de las enfermedades crónicas que genera, requiere un enfoque integral que fuerce a todos los sectores a impulsar actuaciones eficaces. Ello incluye no solo a los sectores sanitarios, también a los de finanzas, asuntos exteriores, educación, agricultura y planificación. La propia OMS tiene un plan de acción en el que propone promover intervenciones para reducir los principales factores de riesgo de enfermedades no transmisibles.
Sea como fuere, aunque los responsables sanitarios tienen mucho que decir, no hay duda de que los principales "secretos" de una buena salud no se esconden en las pastillas de vitaminas, en los famosos antioxidantes, en estrafalarios quema grasas, en complementos dietéticos o en seguir dietas "depurativas” ni dietas "milagrosas”, sino que están detrás de los cinco factores detallados en el presente texto y sobre los que, a nivel individual, podemos actuar.

JULIO BASULTO


jueves, 20 de marzo de 2014

¿Por qué cuesta tanto bajar el colesterol?



Para bajar los niveles de colesterol, además de hacer ajustes en la dieta, es preciso cuidar al hígado con la alimentación y controlar que no haya disfunciones hepáticas


Boca y lengua pastosa, digestiones difíciles y pesadas, náuseas, alteración del ritmo intestinal con tendencia al estreñimiento, mal aliento,... Son algunos síntomas comunes en personas que tienen dislipemias, es decir, sus niveles de lípidos plasmáticos alterados. La causa, en muchos casos, está en una disfunción hepática, y es por ahí por donde conviene comenzar a tratar el problema. La consecuencia es la elevación del colesterol, de los triglicéridos o de las enzimas hepáticas. El abordaje dietético y nutricional en caso de dislipemia requiere un enfoque integral. A continuación se detallan las deficiencias en el tratamiento dietético que impiden una correcta resolución del problema, qué errores alimentarios se comenten, qué alimentos no ayudan y cuáles son los más indicados para actuar sobre la causa.

Vencer al colesterol: actuar sobre la causa, no sobre la consecuencia

El hígado es el principal órgano encargado de gestionar los niveles de grasas a nivel circulatorio. A su vez, una de sus funciones principales es la de almacenar sangre y regular el flujo sanguíneo hacia el resto de órganos. Es por ello que una disfunción hepática tiene como consecuencia directa una mala calidad de la sangre, y esta puede estar saturada de grasas y colesterol, provocando con el tiempo la elevación de las tasas de colesterol plasmáticas y, en consecuencia, un aumento del riesgo vascular.
Por ello, cuando hay una alteración de los niveles de lípidos (LDL colesterol elevado; HDL colesterol disminuido; triglicéridos elevados) o de las transaminasas (enzimas hepáticas) suele haber disfunción hepática -no tiene por qué haber patología-, pero este trastorno hepático se manifiesta a distintos niveles. Una serie de síntomas o malestares nos alertan de que nuestro hígado requiere un apoyo dietético para recuperar su funcionalidad:

  • Sensación de pesadez dolorosa en la región hepatovesicular.
  • Boca pastosa, digestión difícil (en particular con los alimentos grasos, desde la nata y la mantequilla, hasta los frutos secos).
  • Eructos después de las comidas (a veces se acompaña de náusea).
  • Alteración del ritmo intestinal con tendencia al estreñimiento.
  • Halitosis o mal aliento.
  • Sueño después de las comidas.
  • Intolerancia más o menos acusada a ciertos alimentos.
  • Urticaria o prurito en la piel.
  • Dolor de cabeza de tipo migrañoso.
La elevación plasmática de los niveles de colesterol suele ser la consecuencia de este trastorno hepático de fondo que habrá que corregir para no depender siempre de los medicamentos.

Colesterol elevado: las mejores opciones dietéticas

En caso de dislipemia, si no ha habido un episodio cardiaco por el que se requiere la toma de medicamentos, el abordaje dietético para prevenirlo requiere un enfoque integral, un abordaje completo. No debería limitarse solo a recomendar el consumo de un complemento regulador del colesterol (omega-3, lecitina de soja, fitosteroles...), sino que habría que hacer una revisión alimentaria exhaustiva y los cambios dietéticos pertinentes:

  • 1. Restringir el consumo de alimentos ricos en colesterol, en grasas saturadas y sobre todo -y de manera contundente- en grasas trans (que favorecen la formación de colesterol).
  • 2. Aumentar el consumo de fibra soluble e insoluble, con efecto de arrastre y de limpieza digestiva y de sales biliares cargadas de colesterol.
  • 3. Alta presencia de antioxidantes, para frenar la oxidación de los lípidos y el endurecimiento de las arterias.
  • 4. Consumo habitual de ciertos alimentos protectores: nueces y pescado azul, berenjena, avena, okra y algunas frutas, tal como se describe en el artículo 'Los diez alimentos más eficaces para bajar el colesterol', publicado en EROSKI CONSUMER. La elección alimentaria es clave para regular los niveles de colesterol y no depender de medicamentos.
  • 5. En todo caso, para favorecer la recuperación hepática y no debilitar ni irritar más este órgano, conviene evitar: café, tabaco, cualquier tipo de bebida alcohólica, vinagres (mejor aliñar con zumo de limón o mezcla de limón y lima) y el exceso de sal.
Los cuidados dietéticos para el hígado

En cuestión alimentaria, además de los aspectos claves mencionados, habría que indagar y aclarar cuál es la causa de la disfunción hepática para corregir el enfoque alimentario y apoyar con fitoterapia o complementos dietéticos de la manera más eficaz. Eso sí, cabe incidir en que el uso de complementos dietéticos y de plantas siempre ha de estar respaldado por un profesional sanitario. Un consumo individual sin asesoramiento, ni en el tipo, ni en la dosis, ni en la duración y frecuencia recomendada, puede tener efectos indeseados para la salud.

1. Insuficiencia de secreción de la bilis, que se manifiesta con malas digestiones. Los jugos biliares actúan en el proceso digestivo ayudando a digerir bien las grasas. Además, se encargan de eliminar los desechos de la sangre (derivado de la desintoxicación y depuración hepática). Se puede sentir acidez, sensación de ardor en el esófago (porque los ácidos biliares ascienden y provocan dichas molestias, que se pueden confundir con molestias gástricas) o acidez de estómago.

  • En este caso, convendría aumentar el consumo de alimentos y plantas con efectos coleréticos (aumentan la producción de bilis) y colagogos (estimulan la expulsión de la bilis acumulada en la vesícula biliar). Al mismo tiempo, habría que limitar la ingesta de alimentos grasos, incluidos los frutos secos, pese a la buena calidad de sus lípidos. La alcachofa es la planta por excelencia para combatir las digestiones difíciles; tiene acción colerética y colagoga. A ella se suman la fumaria y el boldo. Está demostrado su efecto hepatoprotector. Una reciente revisión llevada a cabo por Cocharne señala que el uso de la alcachofa como complemento para reducir el colesterol es potencial, si bien, según los datos científicos disponibles, no es suficientemente convincente. Estos resultados protectores hepáticos, cardiovasculares e hipolipemiantes son, sin embargo, más contundentes en una revisión publicada el año pasado y realizada por investigadores italianos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pavía.
2. Trastornos en los procesos de detoxificación o depuración. El alimento ya digerido en el intestino se transforma en una mezcla de fluidos: el quilo, formado por bilis, jugo pancreático y lípidos emulsionados en el duodeno (primera porción de intestino delgado). El quilo llega al hígado a través de la vena porta, y allí es filtrado para nutrir al hígado y formar la sangre que después se envía al corazón. Esta sangre contiene los nutrientes de los alimentos, y también toxinas que pudiera haber en ellos, componentes de los medicamentos que se hayan ingerido y cualquier sustancia que sea capaz de pasar a la sangre desde el conducto digestivo. Antes de que esta sangre se reparta por el todo el organismo, debe "purificarse" en el hígado. Si los procesos de detoxificación hepática no funcionan de manera correcta, la sangre que fluye por el cuerpo será de mala calidad, lo que aumenta el riesgo de dislipemias, entre otros desórdenes.

  • En este caso estarán desaconsejados aquellos alimentos que requieran un mayor trabajo hepático: lácteos (en particular quesos grasos), proteína animal (huevos, carne roja, embutidos, pollo con piel...), exceso de sal y salazones, fritos, frutos secos... La toma elevada de medicamentos (antibióticos, ansiolíticos, antipsicóticos, anticonceptivos...) puede bloquear o dificultar las fases de depuración hepática. Entre las plantas más indicadas en estos casos está el rábano negro y la cúrcuma, plantas reconocidas por su alta capacidad de detoxificación hepática.
3. Sufrimiento hepático, asociado a toma elevada y mantenida de medicamentos, xenobióticos, infecciones virales, acumulación de tóxicos, etc. Algunos medicamentos (píldora anticonceptiva, paracetamol, alcohol) se convierten en tóxicos graves para el hígado si se eliminan mal sus desechos metabólicos.

  • El desmodium es la planta amiga de los hepatocitos, las células hepáticas, pues ayuda a su regeneración.

MAITE ZUDAIRE


martes, 18 de febrero de 2014

Trigo, ¿un veneno cotidiano?


Seguir una dieta sin trigo para adelgazar y curar varias enfermedades es la nueva "propuesta milagrosa" de moda, sin respaldo científico

Cuando parece remitir la fiebre de la dieta Dukan, una nueva moda dietética surge de la nada para amenazar la salud de los consumidores con falsas promesas. La tesis: que el trigo es malo para la salud. Como era previsible, viene refrendada por un médico que, al igual que Dukan, notó en su consulta algo que, en su opinión, han pasado por alto los "arrogantes" expertos en salud pública. Este, además, suma su propia experiencia "sanadora", ya que afirma que él mismo mejoró su salud hasta límites insospechables gracias a su dieta exenta de trigo. Llega en un momento en el que las llamadas "dietas sin gluten" empiezan a aparecer en boca de falsos gurús. El presente artículo desentraña las debilidades y los peligros de esta nueva propuesta, sin olvidar el caso específico de quienes padecen intolerancia al gluten.

Erradicar el trigo de la dieta: el origen de la propuesta


Un médico llamado William Davis, de Milwaukee (Wisconsin), quiere subir por méritos propios al podio de las dietas milagro. Por ello, de un tiempo a esta parte no cesan de aparecer noticias (exentas de un mínimo de rigor científico) o notas de prensa rebosantes de promesas inanes que hacen alusión a su "Biblia" dietética, un libro titulado 'Wheat Belly' (o "tripa triguera"); es decir, vientre hinchado por culpa del trigo, en alusión a la conocida frase "tripa cervecera".
Davis comienza por asegurar que con su libro se pierden "de 14 a 23 kg en los primeros meses", peso que, según él, no se recupera. Basa sus afirmaciones en anécdotas no publicadas en revistas científicas y, por tanto, no contrastables. El profesor Edzard Ernst, uno de los mayores expertos mundiales en salud pública, declaró el año pasado que "el plural de 'anécdota' es 'anécdotas', no 'evidencia'", para recordarnos que nuestras observaciones no bastan para probar la eficacia de un tratamiento médico. Un reciente texto sobre si señalar al melón causa su pudrimiento amplía esta cuestión.

¿Dejar de comer trigo para curar enfermedades?


Además de las promesas de adelgazamiento, que contradicen con soltura a los consensos internacionales sobre el tema, Davis también afirma que su planteamiento consigue la "reversión de la osteoporosis", la curación de la psoriasis y de las úlceras bucales e, incluso, la desaparición de la calvicie. Pero va más allá, también se logrará reducir el dolor de la artritis reumatoide y curar la colitis ulcerosa.
Vale la pena preguntarse cuántos estudios ha publicado Davis sobre su "método". Como puede comprobarse aquí, la respuesta es "ninguno". El matemático y astrónomo francés Pierre-Simon Laplace afirmó, con razón, que "el peso de la evidencia de una afirmación extraordinaria debe ser proporcional a su rareza". El peso de las evidencias científicas que sustenten las raras afirmaciones anteriores debería ser, por tanto, extraordinario, aunque su peso, como hemos visto, es nulo. Pese a ello, el trigo es, para él, un "veneno cotidiano".

¿Dejar de tomar integrales para adelgazar?


Todas las entidades de referencia, nacionales e internacionales, promueven sin ambages el consumo de cereales integrales. Tiene mucho sentido sustituir la ingesta de cereales refinados por sus variantes integrales, comoaconsejan el World Cancer Research Fund (WCRF) y el American Institute for Cancer Research (AICR). No obstante, el libro 'Wheat Belly' asegura que eliminar de nuestras dietas el trigo, y eso incluye al trigo integral, "es la clave para perder peso de forma permanente". La promesa de perder mucho peso para siempre no sorprende (es lo que dicen a voz en grito todos los libros de su categoría); lo que llama la atención es que meta en su consejo al trigo integral.
El más reciente consenso español de prevención y tratamiento de la obesidad, firmado por once sociedades científicas y refrendado por el Ministerio de Sanidad, señaló que "un consumo alto de cereales integrales está asociado a menores Masa Corporal " y por ello recomienda, para la prevención de la ganancia de peso, que "la dieta contenga una cantidad importante de cereales integrales". Un muy riguroso análisis, publicado en octubre de 2013 en la revista American Journal of Clinical Nutrition, no mostró pruebas claras del papel de los integrales en el tratamiento de la obesidad (sobre la prevención no cabe duda), aunque sí observó efectos sobre la grasa corporal.

¿Mejor dos pasteles que el pan integral?


En todo caso, el papel de los integrales para mejorar la salud, sobre todo por su indiscutible papel para prevenir enfermedades cardiovasculares, quedó demostrado en 2008 en un meta análisis publicado por el doctor Philip B. Mellen y colaboradores, quienes aconsejaron a los responsables políticos, a los científicos y a los médicos "que redoblen sus esfuerzos para incorporar mensajes claros sobre los efectos benéficos de los cereales integrales". Davis, en cambio, llega a asegurar que "dos rebanadas de pan integral aumentan más los niveles de azúcar en sangre que dos pasteles". Solo con esa afirmación ya bastaría para cerrar el libro.
La Academia de Nutrición y Dietética (antigua Asociación Americana de Dietética) no está en absoluto a favor de las tesis de Davis, e indica que su "método" puede conducir a deficiencias de varias vitaminas y minerales. Se apunta a la falta de calcio, vitaminas del grupo B o vitamina D "por citar solo unos pocos nutrientes". Seguir sus consejos, que contradicen las bases de la alimentación humana, es como confiar los ahorros a alguien que se vanagloria de infringir la ley un día tras otro.

El trigo y la enfermedad celíaca


Sin lugar a dudas, una persona que padece enfermedad celíaca debe eliminar el trigo de su dieta. Pero de ahí a retirar el trigo de la alimentación de toda la población va un mundo. Una persona que no tenga una predisposición genética, aunque tome ingentes cantidades de trigo, no padecerá la enfermedad. Es más, los doctores Juan Victoria y José Ramón Bilbao, en un texto denominado 'Novedades en enfermedad celíaca', señalan que no todos los individuos susceptibles a sufrir esta dolencia desarrollarán la patología, aunque se expongan al gluten.
Tal y como detalló este artículo, publicado en EROSKI CONSUMER, una dieta sin gluten no es recomendable para la población que no padece enfermedad celíaca o "sensibilidad al gluten no celíaca", condiciones que debe diagnosticar un médico tras rigurosos análisis individualizados. Gaesser y Angadi, en septiembre de 2012, mostraron que no hay datos que sustenten que seguir una dieta sin gluten aporte beneficio alguno a la población general. Incluso detallaron evidencias que sugieren que una dieta sin gluten podría ser perjudicial para la salud intestinal en personas que no tienen las dos dolencias antes citadas.


JULIO BASULTO 


sábado, 18 de enero de 2014

Los suplementos de vitaminas y minerales no dan superpoderes

  

Los estudios con suplementos de vitaminas y minerales muestran su escasa eficacia y arrojan resultados decepcionantes

Buena parte de la población consume suplementos de vitaminas o minerales. Los motivos para hacerlo son muy diversos, aunque en muchos casos se pretende "compensar" con ello una mala alimentación. También influye, tal y como ha indicado recientemente la Universidad de Harvard, la publicidad que suele acompañar a tales suplementos, que nos quiere convencer de que tienen cualidades superpoderosas, incluso mágicas. ¿De verdad pueden sustituir a una alimentación saludable? ¿Tienen la capacidad de prevenir enfermedades como las patologías cardiovasculares o el cáncer, que son las principales causas de mortalidad en nuestro país? El siguiente artículo aborda estas cuestiones y resume los principales hallazgos de uno de los últimos y más rigurosos estudios sobre el tema.

Suplementos de vitaminas y minerales: mitos y datos

Se les atribuye la capacidad de evitar la oxidación y, con ella, el daño celular. Esa es la teoría que cobija hoy a los suplementos antioxidantes. La práctica, sin embargo, indica algo distinto: no está claro que estos suplementos sean "saludables" y es posible que tampoco sean inocuos. ¿Qué ocurre con las vitaminas y los minerales? ¿Es posible tomar los beneficios de los alimentos más sanos en pastillas? ¿La naturaleza se deja encapsular?
La reputada revista Annals of Internal Medicine es una de las más citadas dentro del campo de la medicina. Es por ello que ha tenido tanto impacto y tanto revuelo mediático la investigación que ha publicado en noviembre de 2013, que parte de la siguiente premisa: "Los resultados de los estudios en los que se ha suplementado con vitaminas han sido, en el mejor de los casos, decepcionantes". La investigación se denomina 'Suplementos vitamínicos y minerales en la prevención primaria de las enfermedades cardiovasculares y el cáncer' y ha sido coordinada por la Agency for Healthcare Research and Quality (AHRQ), una de las 12 agencias de salud de Estados Unidos.
El estudio se diseñó con el objetivo de averiguar, de acuerdo a la revisión de todas las evidencias disponibles, si los suplementos vitamínico-minerales previenen la enfermedad cardiovascular o el cáncer, pero sobre todo se realizó para actualizar las recomendaciones de 2003 del U.S. Preventive Services Task Force. Dichas recomendaciones fueron las siguientes:
No hay pruebas suficientes para recomendar o no recomendar del uso de las vitaminas A, C y E, multivitamínicos con ácido fólico, o combinaciones de antioxidantes para la prevención de las enfermedades cardiovasculares o el cáncer.
Se desaconseja el uso de suplementos de beta-caroteno, solos o en combinación, porque no aportan ningún beneficio y causan daños en adultos que presentan riesgo de padecer un cáncer de pulmón.

Las nuevas conclusiones, diez años después, son también decepcionantes:

No hay evidencias que señalen que los suplementos de vitaminas o minerales tengan un efecto en la prevención de los eventos cardiovasculares, del cáncer o de la mortalidad en población sana.
En la mayor parte de casos, no hay suficientes datos como para extraer conclusiones.
La falta de beneficio de los suplementos de vitamina E y betacaroteno es bastante clara.
Es desaconsejable seguir estudiando sobre suplementos que contengan beta-caroteno o las vitaminas A, C, y E en la población general que no sea deficitaria en estos nutrientes (la mayoría).
Hay datos que señalan una cierta disminución en el riesgo de cáncer en varones (no en mujeres) que toman multivitamínicos, pero como el efecto, además de ser muy pequeño ("marginal"), no se observó en mujeres, "se hace muy difícil llegar a la conclusión de que la suplementación con multivitamínicos sea beneficiosa".
Los suplementos de beta-caroteno "incrementan el riesgo de cáncer de pulmón en fumadores".
Estos resultados, en todo caso, no son aplicables a los beneficios demostrados de pautar ciertos suplementos en situaciones de déficit (por ejemplo, en casos de anemia ferropénica) o en estados fisiológicos concretos, como el embarazo y la lactancia. Es el caso, por ejemplo, de los suplementos de ácido fólico en gestantes.

¿Cuántos suplementos tomamos en España?

Una investigación centrada en población adulta española, y publicada en 1999 en Gaceta Sanitaria, observó que el 5,2% de mujeres y el 1,7% de hombres tomaban suplementos vitamínicos y minerales. Diez años después, nuestra ingesta de dichos suplementos aumentó de forma notable: el antiguo 5,2% para las mujeres se convirtió en un 8,5% y el 1,7% para los hombres pasó a ser un 4%, según datos aparecidos en la revista European Journal of Clinical Nutrition. Nuestro consumo de esta clase de "ayuditas" va en claro aumento, aunque está muy lejos de lo que se observa en Estados Unidos, donde cerca del 40% de la población las consume.
La tendencia al alza de este consumo es motivo de preocupación. Tomar suplementos de vitaminas, minerales o antioxidantes no solo no tiene eficacia probada sino que, además, puede ser riesgoso para la salud en ciertos casos, como se señalaba con el beta-caroteno y el cáncer de pulmón. Y, en última instancia, esa percepción de que son "ayuditas" está muy lejos de ser verdad, a menos que nuestro objetivo sea saltarnos una dieta saludable sin culpa. Para estar sanos, el camino más seguro (y el más eficaz) es seguir una alimentación saludable y escoger mejor los alimentos que conforman nuestra dieta cotidiana.

JULIO BASULTO 


miércoles, 4 de diciembre de 2013

Parabenos, qué son


Los parabenos son conservantes muy utilizados en cosmética, alimentación y farmacia y, pese a que su uso está autorizado de forma legal, varios expertos defienden que se ha de restringir su empleo

Los parabenos o parabenes son conservantes antimicrobianos que se utilizan desde hace muchos años para preservar diversos productos de las industrias cosmética, alimentaria y farmacéutica. Por ser muy buenos conservantes y muy económicos, se han empleado en una amplia gama de productos y es difícil evitar exponerse a ellos, ya que están presentes en innumerables artículos. Pero, ¿resultan nocivos los parabenos para la salud? ¿Qué efectos tiene sobre la piel? ¿Son cancerígenos? En el artículo se responde a estas dudas y se aporta evidencia científica al respecto.

Qué son los parabenos

Los parabenos o parabenes son un tipo de compuestos químicos o moléculas inoloras, incoloras, no volátiles, pertenecientes a cinco tipos de familias (metilparabeno, etilparabeno, propilparabeno, butilparabeno y bencilparabeno), baratas y útiles por sus propiedades frente a distintos tipos de microbios. Fueron descubiertos como antimicrobianos en 1924. Son sobre todo eficaces frente a hongos y levaduras, pero también frente a bacterias. Y gracias a su acción antimicrobiana, se aplican desde hace más de 80 años y de manera muy amplia como conservantes para preservar en buen estado alimentos y bebidas, cosméticos y medicamentos.

A pesar de que los parabenos son los conservantes más utilizados, los casos de sensibilización frente a ellos son muy raros

Entre los alimentos, su uso está autorizado en productos de confitería, patés, aperitivos a base de patata y almidón y frutos secos recubiertos; en una gran cantidad de cosméticos como cremas faciales, desodorantes, lociones corporales y artículos de maquillaje; y en muchos medicamentos, como en jarabes, supositorios, soluciones oftálmicas, contraceptivos, corticoides tópicos, anestésicos locales y heparinas, entre otros ejemplos que se recogen en la completa revisión 'Parabenos: Mitos o realidad', de Luis Conde-Salazar Gómez, Blanca Díaz Ley y Felipe Heras, del Servicio de Dermatología del Instituto de Salud Carlos III, de Madrid.
Según esta misma revisión, si se tienen en cuenta todos los productos que pueden contenerlos, entre alimentos, cosméticos y farmacéuticos, se calcula que un individuo adulto, de unos 60 kilogramos de peso, puede estar expuesto a 76 miligramos de parabenos al día (1,26 mg/kg/día). Es casi imposible esquivar su presencia en multitud de productos de uso cotidiano, a menos que se recurra a cremas u otros cosméticos sin parabenos o parabenfree. Cabe entonces preguntarse si resultan inocuos o perjudiciales para la salud humana.

Alergias por parabenos

La sensibilización de la piel a los parabenos comenzó a describirse en los años 40. La reacción más frecuente es la dermatitis de contacto alérgica a los productos que se aplican por vía tópica, es decir, sobre la piel. Cuando ocurren, se producen eccemas de contacto en zonas de piel dañada, pero no al tomarlos por vía oral o darlos sobre la piel sana. Para comprobar que una persona tenga esta reacción alérgica se pueden realizar pruebas de alergia epicutáneas (con parches).
En los años 60 y 70 se les atribuyó casos de eccemas de contacto yatrogénicos, graves y perdurables, según la revisión del Instituto de Salud Carlos III, lo que propició que la industria cosmética se afanara en lanzar productos sin parabenos o parabenfree. Sin embargo, los autores de la revisión señalan que aquellos casos se produjeron porque entonces se encontraban en los productos en altas concentraciones, mientras que, en la actualidad, las concentraciones permitidas están reguladas, son bajas y no pueden superar el 0,8%.
Esta diferencia explica que hoy, a pesar de que los parabenos son los conservantes más utilizados, los casos de sensibilización frente a ellos son muy raros. La capacidad de sufrir una reacción alérgica ante estos conservantes es baja en la población, del 1% o menos, según diferentes estudios. De hecho, de acuerdo a este autor, presentan las tasas de sensibilización más bajas dentro de los conservantes comunes. La mayor sensibilización se produce frente al metilparabeno, y la menor, al bencilparabeno. Por este motivo, ¿está justificado el temor a los parabenos y a los productos que los llevan?

Saltan las alarmas: ¿son cancerígenos?

 

No se ha visto por el momento una relación directa de causa-efecto entre el uso de desodorantes y el desarrollo de cáncer de mama

En los años 90 surgió una nueva polémica relativa a estos conservantes: el uso de desodorantes que contenían parabenos se comenzó a relacionar con el cáncer de mama, a raíz de un estudio científico publicado en 'Journal of Applied Toxicology' en 2004 por un grupo de la Universidad de Reading (Reino Unido). Se pensaba que al aplicar los desodorantes por vía tópica, estos se absorbían de forma percutánea (a través de la piel) y llegaban, por proximidad, hasta la mama donde provocaban el desarrollo de un tumor. Al menos, esa fue la idea que caló entre la población.
Sin embargo, lo que los científicos encontraron fue parabenos en muestras de tejido mamario, pero no se ha visto por el momento "una relación directa de causa-efecto entre el uso de estos cosméticos, los desodorantes, y el desarrollo de cáncer de mama", dice Ana Rita Rodrigues, dermatóloga del Grupo Pedro Jaén, de Madrid, y miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). Dicho estudio, que hizo saltar las alarmas, abrió el debate científico y fue muy discutido entre la comunidad científica. El Comité Científico de la Comisión Europea también se posicionó en este sentido indicando que no existe vinculación demostrable entre su uso en productos cosméticos y el cáncer de mama. Al parecer, otros trabajos encontraron que podrían tener una acción hormonal similar a la acción de los estrógenos.
"Cuando se inició la polémica, la industria farmacéutica empezó a propagar y a desarrollar nuevos cosméticos sin parabenos. Los sustituyó por otros conservantes que pueden provocar más problemas a nivel cutáneo. Pero se tiene que ser muy cauto, porque las concentraciones de estos compuestos están muy reguladas. Se asegura que no sobrepasen determinados valores con controles de calidad, existe una amplia experiencia de uso y aún no se ha establecido una relación de causa-efecto entre su utilización y el desarrollo de un cáncer de mama, como para prohibirlos. En cambio, la experiencia con estos nuevos conservantes es menor y son más caros", afirma Ana Rita Rodrígues.
No obstante, el Comité Científico de la Comisión Europea ha evaluado su seguridad con respecto a su posible efecto estrogénico. Su conclusión ha sido que para algunos parabenos no se puede garantizar un margen de seguridad adecuado a las dosis autorizadas en la actualidad. Por este motivo, la Comisión Europea ha hecho pública una consulta en la que pone de manifiesto su voluntad de mantener la autorización de uso de los parabenos más habitualmente utilizados, reduciendo la concentración máxima autorizada de los de cadena larga (propil y butil paraben).

CLARA BASSI